La sexualidad es una parte natural de una vida saludable. Pero a veces, las cosas se pueden salir de control y te encuentras obsesionándote con pensamientos sobre el sexo, sintiendo o haciendo cosas que tienen repercusiones graves en tu vida y lo peor es que ¡no podés parar! Si esto te pasa, podés ser un adicto al sexo.
La adicción al sexo se expresa generalmente como una obsesión (no podés dejar de pensar en ello) con actividades sexuales o como comportamientos compulsivos (que no se detienen o controlan). A veces lleva a la persona a fantasear o involucrarse en actividades que están fuera de los límites cultural, legal o moralmente aceptados de actividad sexual.
Pero, ¿cómo saber si estoy adicto al sexo? Te puede ayudar hacerte estas preguntas:
1- ¿Puedo controlar mis impulsos sexuales?
2- ¿Mi comportamiento sexual está afectando mis relaciones, mi trabajo o me está trayendo problemas personales, familiares o legales?
3- ¿El sexo está constantemente en mi mente, aunque no quiera pensar en ello?
4- ¿Trato de ocultar mi comportamiento sexual?
Si contestaste que sí a alguna de estas preguntas, es signo de problemas. En muchos casos, la adicción es a una actividad sexual aceptable, pero que el adicto tiende a llevar al extremo. Y como con cualquier otra adicción, el proceso es lento, pero siempre se vuelve cada vez más intenso y difícil de controlar, por eso es importante estar atento a los siguientes síntomas:
La razón por la que estás teniendo sexo: Todos (o casi todos) tenemos sexo y ganas de tenerlo. Pero, si estás teniendo sexo porque tus impulsos sexuales son demasiado intensos y sentís que no los podés controlar, ya no lo hacés con libertad sino por una sensación de necesidad o para escapar de otros problemas como la depresión, la soledad o el estrés —es decir, por las razones incorrectas— entonces hay un problema.
No lográs establecer y mantener y/o evitás cualquier tipo de involucramiento emocional: Con la persona con la que estás teniendo sexo, aunque estés casado o en una relación estable. Es decir que te incomoda, por ejemplo, mirar a los ojos durante la relación sexual o hablar y abrazar o acurrucarte justo después del acto. También incluye la dificultad de compartir con tu pareja tus sentimientos, pensamientos, emociones (miedos, alegrías, tristezas, frustraciones) más profundos.
Te cuesta obtener satisfacción de la actividad sexual que tenés: Y por tanto tendés a buscar cada vez más actividades sexuales más extremas (tríos, sexo sadomasoquista, aventuras extramaritales, exhibicionismo, sexo “de riesgo”) tratando de conseguir satisfacción, infructuosamente.
Toda adición es una enfermedad y como tal no puede ser curada con fuerza de voluntad. Buscá ayuda profesional.
No te olvides de escribir a [email protected].
* La autora es terapeuta sexual y de pareja.
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