Tomado de La nacion.com
Era el 8 de setiembre del 2010. Diputados de oposición, preocupados por la intención de Nicaragua de dragar el río San Juan, recibieron en comparecencia al entonces canciller, René Castro. Los legisladores querían conocer la posición del Gobierno en relación con el proyecto y los impactos que este podría tener en Costa Rica. El conflicto estaba por venir y datos fundamentados en una simulación no lo evitaron.
Castro apaciguó los ánimos al decir que la Cancillería disponía de un cálculo sobre el posible efecto, un cálculo simulado.
«Puedo decir que revisamos los modelos de caudal de los ríos, recopilamos las mediciones de campo de un par de años y pudimos calcular que un dragado de todo el canal del río San Juan, desde la bifurcación con el Colorado (río costarricense), tendría un impacto máximo del 12% de reducción del caudal del Colorado», dijo el diplomático a los diputados.
Dicha declaración fue interpretada por Nicaragua como una aceptación del proyecto. Durante el desarrollo del dragado se devastaron humedales en isla Calero y el caso concluyó con un juicio internacional en La Haya.
Pero, ¿a qué cálculo se refirió Castro? ¿Con base en qué hizo esa afirmación que ha sido ahora tan criticada por la oposición?
El excanciller se refirió a un estudio de simulación del Instituto Costarricense de Electricidad (ICE), el cual fue alimentado en buena parte con datos ficticios.
Para elaborarlo, ni el ICE ni la Cancillería dispusieron de datos reales sobre lo que el gobierno de Daniel Ortega planeaba hacer en cuanto al depósito de sedimentos o la apertura de caños en tierra.
El estudio fue considerado confidencial durante varios meses hasta que Nicaragua exigió, en enero pasado, que fuese revelado en la Corte Internacional de Justicia.
Una vez que lo tuvo en sus manos, el país vecino lo usó ante los jueces de la Corte para alegar que los estudios de Costa Rica confirmaban que el dragado tendría impacto mínimo.
INFORMACIÓN ESCASA
El Estudio de comportamiento de caudales en la bifurcación río San Juan-río Colorado lo elaboró el área de Ingeniería Hidráulica del ICE, en febrero del 2010, antes de que Castro asumiera el puesto.
El trabajo advierte que los resultados eran valores aproximados y que, para simular condiciones reales, «se requeriría de mucha más información y un análisis riguroso».
El ICE tomó información verdadera del caudal del Colorado y procuró estimar qué pasaría con él si se dragara el San Juan, de donde proviene la mayor parte de su agua.
Como la información disponible «era escasa», se usaron imágenes de Google Earth para calcular la geometría del sitio en que se unen ambos cauces. Tampoco se tenía información precisa del San Juan.
Luego, con base en supuestos, un software estimó que la disminución del caudal del Colorado oscilaría entre un 4,5% y un 12% ante diversos tipos de dragado.
Luis Pacheco, director de Proyectos del ICE, dijo que se hizo una simulación por solicitud de la Cancillería pero aseguró que no hubo estudios adicionales, por ejemplo, de sedimentación.
Ante consulta de La Nación, el excanciller defendió lo dicho en el Congreso: «Durante mi comparecencia, la información que circulaba en la prensa era de posibles disminuciones del caudal del río Colorado de un 80%. Tanto los estudios disponibles en esa fecha como los disponibles hoy descartan dicha situación de forma absoluta», dijo.
Castro ha insistido en que Nicaragua declaró confidencial su estudio ambiental y en que, finalmente, hizo una «chambonada» en el sitio.
PREGUNTAS SIN CONTESTAR
La exposición del excanciller dejó sin contestar preguntas en el Congreso, como las del diputado del PAC, Claudio Monge, quien le cuestionó si conocía el estudio de impacto ambiental nicaraguense y si sabía qué tipo de dragado planeaban hacer.
Unas semanas antes, el vicecanciller, Carlos Roverssi, envió una nota a Nicaragua para exigir que se detuviera de inmediato el dragado hasta que se conociera el estudio de impacto.
Sin embargo, Castro se reunió en Managua con su contraparte, Samuel Santos, y este le dio garantía verbal de que no habría daños.
«No hay motivos para dudar de la palabra del ministro de Relaciones Exteriores de Nicaragua o de su presidente. Además, nuestros propios estudios sugieren algo similar», dijo Castro a los diputados.