“Solamente el hombre religioso es siempre el mismo. Porque su Dios no cambia” .
Joseph Joubert
El pasado 28 de junio celebró sus bodas de oro sacerdotales el obispo emérito de Granada, monseñor Bernardo Hombach.
Monseñor Bernardo, como le llamamos quienes le tenemos cariño, nació el 12 de septiembre de 1933 en Krefeld, Alemania. Esta ciudad es denominada la “ciudad de seda” y se encuentra ubicada en Renania del Norte-Westfalia. Concluyó la secundaria en el colegio Kreuzburg. Estudió Teología y Filosofía en la Universidad Católica de Lovaina, Bélgica.
Vivió doce años durante el régimen de Hitler. Su familia era antinazi.
Prestó servicio pastoral como misionero en América del Sur y África de 1976 a 1980, trabajó en una parroquia de San José Miraflores en Perú. Luego fue trasladado a Nigeria en África.
Pasó posteriormente a trabajar en la parroquia de San Cristóbal en Caracas, Venezuela.
En 1987, pasó a la Arquidiócesis de Managua. Siendo nombrado luego párroco de la catedral de Juigalpa y vicario general, de 1987 a 1991.
La Conferencia Episcopal de Nicaragua lo nombra director de Cáritas Nacional, por lo que se traslada a Managua y es nombrado a la vez párroco de la parroquia Nuestra Señora de las Victorias en el Crucero, de la Arquidiócesis de Managua.
El 22 de abril de 1995 es nombrado por la Santa Sede obispo de la Diócesis de Chontales y Río San Juan.
En el año 2003 es nombrado obispo de Granada por la Santa Sede, y de los departamentos de Boaco y Rivas.
Actualmente es obispo emérito ya en condición de jubilado pero con responsabilidades concedidas por la Santa Sede a la que monseñor solicitó permiso para continuar sirviendo en Nicaragua.
Hacemos este breve repaso por su vida para dejar constancia de la vocación de servicio que le ha caracterizado desde muy temprana edad cuando optó por hacerse servidor de Dios.
El tiempo, fiel testigo del paso de los hombres por la tierra, nos muestra a un servidor de Dios y su prójimo que arribó a Nicaragua en una de sus peores épocas, cuando hermanos contra hermanos separados por las pasiones políticas y los intereses individuales y mezquinos, nos destrozábamos en los campos de batalla. Y le correspondió ejercer su labor pastoral en una de las zonas más violentas, en plena guerra. Nicaragua fue el conejillo de indias en el último tramo de la confrontación este-oeste, entre democracia y comunismo, entre libertad o sumisión. Nicaragua que aún continúa prisionera de esos mismos intereses, ahora elevados a categoría de consolidación de un proyecto de gobierno totalmente alejado del paradigma por el que miles de jóvenes ofrendaron generosamente sus vidas, es una nación beneficiada por la labor pastoral de monseñor Hombach.
Monseñor Bernardo quien viene del holocausto y se formó para trasmitir la Buena Nueva de la liberación integral de la persona humana, ha puesto sus mejores esfuerzos en proyectos destinados a potenciar las capacidades humanas de jóvenes en riesgo por causas de las drogas. Su más visible obra producto de sus gestiones y del apoyo institucional de la Conferencia Episcopal de Nicaragua, es la Universidad Juan Pablo II, que es hoy un semillero de formación en los valores del cristianismo para jóvenes, varones y mujeres.
La Universidad Juan Pablo II bajo la rectoría de la licenciada Natalia Barillas de Montiel, ofreció en su honor en el auditorio-capilla de dicha casa de estudios, una misa concelebrada por monseñor Bosco Vivas Robelo, obispo de la Diócesis de León y presidente de la junta directiva de dicha universidad, quien al caracterizar al homenajeado lo describió, entre otras cualidades, como alguien “que se encarnó en el pueblo nicaragüense”.
El autor es diputado al Parlacen.
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