GUATEMALA/AFP
Guatemala vive sumergida en el esquema comunismo-anticomunismo de la Guerra Fría y con pecados capitales como la desnutrición infantil sin resolver, porque para muchos “los cambios son una ofensa”, dice el presidente Álvaro Colom.
“¿Yo soy comunista? ¡La gran chucha! ¡Si yo soy verdaderamente moderado!”, reacciona con una dosis de humor el presidente de 60 años cuando recuerda las críticas.
“Aquí hay un socialdemócrata y creen que es comunista. Hay un ejercicio no resuelto de armonía nacional, de empezar a ver más allá de un esquema de izquierda-derecha”, dice.
Guatemala tuvo su anterior gobierno de izquierda, el de Jacobo Arbenz en 1951-1954, pero fue derrocado por una acción armada apoyada por Estados Unidos en plena Guerra Fría.
Al hablar del balance de su gobierno, Colom destaca que “es importante en educación, en salud, haber retornado al principio constitucional de la gratuidad”, pero subsiste el drama de la desnutrición infantil a lo que califica como “una cuestión estructural, es una situación de inequidad”.
Luego de tres años y medio ahora hay “un millón de niños más en las escuelas (…), hay 195 municipios (el país tiene 333) que no tenían servicios de salud las 24 horas”.
Pero las cifras oficiales sobre la pobreza aterran. En un país de 14 millones de habitantes, de 2.1 millones de niños menores de cinco años, la mitad sufre desnutrición crónica. El 15 por ciento de la población está en la pobreza extrema, y otro 36 por ciento adicional en la pobreza.
Pese a todos los logros enumerados por Colom, los sondeos coinciden en dar una ventaja de entre 25 y 30 puntos al general retirado derechista Otto Pérez sobre la exprimera dama Sandra Torres, cuya candidatura, además, fue impugnada por fraude de ley y está en apelación.
Colom explica esto de forma contundente: “Los cambios en Guatemala son casi una ofensa para los que viven de la impunidad, para los que viven sin reforma fiscal, para los narcotraficantes. Y yo tuve la habilidad de juntar en una misma cueva a todos esos especímenes (…)”.
Sobre la lucha contra el narcotráfico en uno de los países más violentos del mundo, Colom evoca que durante su gobierno se le decomisó a los cárteles casi 12,000 millones de dólares.
Acerca de su futuro, asegura que “no voy a interferir con el nuevo gobierno, no me interesa. La democracia hay que respetarla y creo que el que se va, debe irse, no medio quedarse (…), probablemente me dedique a algo vinculado con la construcción de la democracia”.
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