CORRESPONSAL/ GRANADA
El tema de la explotación sexual comercial y la trata de personas debe verse y analizarse “como el pan nuestro de cada día”, tanto por las autoridades competentes como por los mismos ciudadanos, opinaron los representantes de varios organismos que trabajan ambas problemáticas.
La ciudad de Granada fue sede de un intercambio temático sobre el comportamiento de estos flagelos, tanto en esta ciudad colonial como en Masaya y Rivas, sitios donde se mueve el turismo nacional y extranjero.
María Mercedes Alemán, de Puntos de Encuentro, dijo que la problemática de la explotación sexual comercial debe verse como prioridad en el país y en todo Centroamérica, pues los estudios indican que cada día crece la cifra de niños, niñas y adolescentes que son llevados fuera de Nicaragua para esos fines.
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Indicó que también se ha confirmado que los niños, niñas y adolescentes de la zona rural del país los están trayendo a la zona urbana con ese mismo fin.
DURA REALIDAD
El encuentro contó con la exposición de experiencias por parte de representantes de organismos que trabajan a favor de los niños y adolescentes en Rivas y Granada.
María Dolores Silva, encargada de servicios médicos de las comunidades de San Juan del Sur, destacó la crudeza que enfrentan los niños y las niñas de estas zonas, donde el turismo sexual avanza sobre la base de la pobreza, la falta de empleo y la desintegración familiar.
Silva dijo que incluso algunos padres se vuelven cómplices de los explotadores sexuales de sus hijos.
Por su parte Karla Sequeira, de la Comisión de la Niñez de Granada, lamentó que el problema de la explotación sexual comercial y la trata no se está viendo como una violación a derechos humanos, ni como un delito.
“Hemos avanzado un poco en cuanto al abuso sexual, pues ya se ve como un delito, pero la trata y la explotación sexual aún no se ven como tal, por una cuestión cultural”, dijo.
Sequeira reflexionó en que se acepta que haya hombres que paguen por tener contacto sexual con una niña, lo que calificó como una actitud de doble moral.
“No tuviéramos niñas en explotación sexual sino hubieran hombres que pagan. Es un problema cultural aceptado socialmente. Aquí hay doble moral porque para nuestros hijos queremos lo mejor, que estudien, que sean felices y se preparen para su futuro, pero qué pasa con los niños de la calle, a esos hay que destruirlos”, dijo.

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