Son los diez días que conmueven a Managua. Para muchos nicaragüenses significan devoción y agradecimiento; para otros, la oportunidad perfecta para bailar y beber hasta caer rendidos o acabar en una camilla por intoxicación alcohólica.
Ayer fue el día uno. Y con la “traída” de la diminuta imagen desde Las Sierritas hasta el centro de la capital inició el conteo.
En la actividad hubo sol, chicheros, rosarios, aceite negro, cerveza, aguardiente, desmayos y una que otra pelea atizada por el alcohol.
La procesión estuvo más concurrida que otros años y fue cubierta por al menos 3,000 policías, unos 170 bomberos y 96 cruzrojistas, que no fueron más por falta de presupuesto.
Para los próximos días la agenda patronal ofrece corridas de toros, otra noche de palo lucio y más licor. Pero también, los días 4 y 10 de agosto, habrá misa y procesiones religiosas.
En esta edición de LA PRENSA, lea cómo se desarrolló el inicio de las fiestas patronales de la capital, en la que no sobraron los justos ni faltaron los pecadores.
