El día se hizo corto para tanta celebración a Santo Domingo. Temprano, la bajada de la imagen del patrono en la abarrotada iglesia de Las Sierritas, donde a las 10:00 de la mañana ya no cabía ni un alma. Al final de la tarde, se dio la llegada del barco a San Judas.
La nave apareció hacia las 5:00 p.m. con tripulantes de capote amarillo —para protegerse de la brisa, que no respetó la ocasión— y chicheros que unieron su música a la del grupo que esperaba cerca de los semáforos del Zumen, para llevar el barco al barrio San Judas y realizar la tradicional vela.
Aquí nadie habla de Santo Domingo, aunque en la iglesia de Las Sierritas se está subiendo a Minguito a su peaña y se supone que estas montadas de toro son también parte de las fiestas patronales.
El toro pinto sale al ruedo. Lo monta el Churumbelo, un chavalo que dicen tiene apenas 17 años. Salta la bestia y se sostiene el muchacho. Una y otra vez. Pasan los minutos y el público está eufórico. ¡Así se monta!, gritan unas mujeres.
Ciertos hombres que están bajo el palco, recibiendo el polvillo que se suelta de las tablas, buscan hendijas para intentar descubrir la ropa interior de alguna señora o muchacha que ha cometido el error de llegar con falda.
El Churumbelo se baja del toro y la barrera le aplaude.
Vení, muchacho. ¿Cómo te llamás?
El Churumbelo no da entrevistas. Dicen sus compañeros montadores que por ser de los mejores se puede ganar 200 córdobas por toro.
Este deporte se practica por rigio, porque nos gusta, aunque exista el riesgo de morir, cuenta Ronald Rodríguez, de 19 años, quien asegura que el montador profesional no toma licor antes de enfrentar a un toro.
El terreno está lleno de charcos, latas de cerveza, vasos plásticos y zapatos que los espectadores arrojan a los toros para molestarlos más. Comienzan los pleitos para ver quién monta este y aquel. El hombre que esté más tomado podría aceptar el reto.
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UNA BENDICIÓN SIN PÚBLICO
Pero en la “bendición del barco”, que estaba prevista para las 2:00 p.m. en esos mismos semáforos, solo hubo ambigüedades.
Cuando llegó la hora prevista no hubo ni señales de la actividad. Algunos de los “herederos de Lisímaco Chávez”, responsables de la vela del barco, aseguraron que la nave sería bendecida a las 4:00 p.m.
Después dijeron que la ceremonia sería en el barrio Batahola. Y finalmente, cuando el barco apareció, afirmaron que la bendición se había hecho a las 2:00 p.m. en los semáforos del Zumen.
Mientras esperaban que el navío llegara, los jóvenes herederos de Chávez, zangolotearon una réplica del Santo en plena carretera, lo que por unos minutos causó un “embotellamiento vehicular y un concierto de bocinas que se unió al bullicio de los chicheros. El barco estará hoy en el Gancho de Caminos, esperando a su Santo Patrono.


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