Aproximadamente hace seis años, mientras miraba un juego en lo más alto de las graderías del estadio de beisbol del barrio San Luis, Darrell Leiva, de 11 años entonces, perdió pie y cayó rodando fila a fila hasta el suelo. No se quebró un hueso, pero desde aquel día es mejor conocido como “mala suerte”.
“Darrell tiene la misma agresividad y presencia en la colina de Gonzalo, y también una amplia variedad de recursos, porque lanza curva, cambio, slider y splitfinger. Su velocidad de 89 millas está un poco por debajo de Gonzalo a esa edad y también está en desventaja en cuanto a experiencia”, señala Throneberry.
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Sin embargo, sus amigos deberán considerar un nuevo sobrenombre para Leiva, quien fue bendecido con un brazo derecho que es capaz de soltar disparos próximos a las 90 millas por hora y que lo han convertido en un pelotero profesional, firmado por los Bravos de Atlanta por la jugosa suma de 230 mil dólares, equivalente a diez veces más el dinero que recibe en promedio un jugador pinolero cuando da este salto.
Leiva, quien mañana cumple 17 años, superó el bono de 210 mil dólares que recibió el lanzador leonés Osmán Gutiérrez de los Azulejos de Toronto, a inicios de este mes, y que punteaba como la mejor firma de un nica este año.
“Una de las cosas que deseo hacer con el dinero es comprar una nueva casa y mejorar el nivel de vida que tenemos en este momento”, dice Leiva, quien vive con su mamá, Ofelia Zelaya, en el barrio San Luis, en una modesta vivienda ubicada al costado norte del estadio.
“Mi papá (William Leiva) se fue a trabajar a los Estados Unidos hace varios años, pero volverá pronto para que hagamos realidad mis planes”, confía Darrell, quien se declara admirador de Roy Halladay, el “as” de los Filis de Filadelfia.
“Mi aspiración es llegar lejos en el beisbol. En los últimos dos años estuve entrenando con Oscar Dávila y Reynaldo Tórrez, quienes me ayudaron mucho”, agregó.

El primer paso de Leiva en el beisbol profesional será en una liga instruccional en República Dominicana, en octubre próximo.
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