Por Edgard Rodríguez C.
Que Alexis Argüello sea el más importante atleta en la historia de nuestro país no está en discusión. Sus tres coronas mundiales de boxeo y las defensas exitosas de cada una de ellas lo situaron en otro nivel.
Pero además, Argüello abrió el camino. Antes de su aparición se vivía de recordar los combates de Eduardo “Ratón” Mojica y la victoria en un partido de fogueo de la selección de futbol ante los Estudiantes de La Plata.
Alexis alcanzó otra dimensión. Su boxeo limpio y poderoso obligó un antes y un después en nuestro deporte. Lo que unido a su sencillez y proximidad con la gente, elevó su obra a niveles legendarios.
Sin embargo, la ejecutoria deportiva específica con mayor grado de dificultad es el Juego Perfecto de Denis Martínez, conseguido hace veinte años ante los Dodgers, con marcador de 2-0, en el Dodger Stadium.
¿Qué más se le puede pedir a un lanzador sino un Juego Perfecto? Denis lo logró. En una tarde de inspiración suprema se deshizo uno a uno de los 27 bateadores que enfrentó y saltó al futuro.
La dificultad se incrementa, porque para un Perfecto se requiere que no haya fallas por ningún lado, obviamente. Eso implica bateadores, defensores y hasta jueces, si no recuerde lo que le pasó a Armando Galarraga.
Galarraga dominó a los 27 bateadores de Cleveland, pero el árbitro de la inicial, Jim Joyce, declaró safe en primera a un corredor fuera. Ahí le arruinó el juego a Galarraga, a quien solo le quedó la victoria.
No hablo de impacto, porque quizá fue mayor la repercusión provocada por la obtención del primer título de Alexis en 1974 sobre Rubén Olivares. Hablo de lo difícil que es eslabonar un Perfecto.
Argüello tendrá siempre la ventaja de haber sido el pionero. Con guantes en sus manos disipó complejos y enseñó el camino. Denis tuvo una gran carrera y con su Perfecto colocó alto la barrera a las próximas generaciones.
Así que aún no hay otro Alexis. Y nadie se ha lucido tanto en una faena específica como Denis.
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