Democracia
“Una gran democracia debe progresar o pronto dejará de ser o grande o democracia”.
Theodore Roosevelt (1858-1919), político estadounidense.
ARIDEZ CÍVICA
Es realmente sorprendente que pue- blos que apenas conocían algunos conceptos de la democracia occidental hoy por hoy la demanden con denodado estoicismo como los casos de Egipto, Libia, Siria, entre otros, a tal extremo de luchar con la fuerza de las armas como el caso de Libia.
Hice esta introducción para ubicarme en el solar patrio, donde un presidente que le dicen comandante (aunque en la épica antisomocista no dirigió ni una pequeña escaramuza), se da el lujo de violar la Constitución las veces que quiera, utiliza la libertad para someter y crear un apartheid político entre sus partidarios y los que no lo somos, usa el derecho para violentar la ley, utiliza la justicia para anular a todos aquellos que se le oponen y crean un entorno de indefensión, ya que si no estás conmigo, estás contra mí, le ha robado la institucionalidad al país, haciendo que cada poder del Estado se vuelva un apéndice de su partido político que lo maneja como encomienda colonial, al mejor estilo de Pedrarias Dávila.
Pero el verdadero drama político nicaragüense se da en la población que asiste con la cerviz baja a todos esos abusos, parece que ya perdimos esa virilidad republicana que caracterizó antaño a este noble pueblo, con una juventud rebelde y de vanguardia, una clase obrera beligerante.
Hoy por hoy se aprecia una aridez cívica propia de pueblos castrados e indiferentes. Por ejemplo, el alza en el servicio eléctrico es una estocada mortal al bolsillo del ciudadano común, pero a pesar de eso nos quedamos quietos e inertes como víctimas propiciatorias.
Ante tanta inconsecuencia ciudadana es justo pensar si merecemos la democracia o simplemente estamos reeditando esa servidumbre que ya parece atávica y casi existencial o sea se nos vuelve costumbre.
Para finalizar cito a Octavio Paz que dice: “La libertad no es un concepto ni una creencia. La libertad no se define: se ejerce. Hay libertad cada vez que hay un hombre libre, cada vez que un hombre se atreve a decir NO al poder”.
Pavel Molina Cruz.
LA RELIGIÓN Y EL ESTADO
El pueblo y el mundo han sabido di- ferenciar qué es el Estado y qué es la religión ante la sociedad. Entonces, mi sincero, cordial y respeto a la Conferencia Episcopal y Clero católico nicaragüense, a los sacerdotes, monseñores, obispos, seminaristas y feligresía.
Son interesante las “expresiones” publicadas el 15 de julio 2011 en este Diario, página 3 A del obispo auxiliar de la Diócesis de Managua, monseñor Silvio Báez: “No queda claro la intención de este reglamento de ética, pues mete en un mismo bolsón a políticos, periodistas y organismos de la sociedad civil”. Ese es su criterio político.
Asimismo, exteriorizó: “Nicaragua no es un Estado que confiese una religión en particular, por lo tanto el gobierno no puede ni tiene la necesidad de ponerle el adjetivo cristiano, de revestir con una aureola religiosa sus realizaciones y proyectos. En un Estado moderno, a como se supone es el país, los programas y proyectos del gobierno deben de valer por sí solos”, al igual, arguyó: “Me limito a decir que el Estado de Nicaragua es laico, aquí no hay religión oficial”.
El obispo Báez no debe inmiscuirse en política de Estado, predique la buena nueva, el reino de Dios como se lo ha orientado la Santa Iglesia católica. ¿O la Iglesia católica es un ente político?
Báez está equivocado, el reglamento de ética electoral, considero, no calla a la crítica, norma el orden de las elecciones del 6 de noviembre 2011, no viola la libertad de expresión, claro, si es calumnia o injuria o cualquier otro hecho delictuoso constituye un delito penal sea quien sea, y la libertad de expresión quien se expresa es el responsable de lo que dice, no es el medio de comunicación.
Inclusive, el Estado nunca ha tenido religión oficial. El pueblo de Nicaragua tiene una religión oficial que profesa de antaño el catolicismo. Y, el reglamento es aplicable a todos por igual. Lo más viable es expresarse con respeto. Por tanto, el clero no debería estar haciendo un híbrido de exégesis de la fe, de Dios, de política de Estado, como lo expresó a este diario el obispo Báez en la edición del 18 de julio 2011 página 3 A. Mejor predique la paz, el bienestar común, y no prosiga efectuando política de Estado no son sus funciones. ¿La Iglesia católica nicaragüense tiene partido político o son misioneros de Dios?
Mejor retomen el ejemplo del cardenal Miguel Obando y Bravo, entre otros, peregrinar por toda Nicaragua haciendo el bien común al pueblo sin hacer política de Estado.
Bayardo Quinto Núñez
Ver en la versión impresa las páginas: 8 A