Berlín/EFE
Al menos 17 personas murieron ayer en un atentado con coche bomba en el complejo gubernamental de Oslo, Noruega, y en un tiroteo en un campamento juvenil vecino a la capital, ataques que la Policía no atribuye al terrorismo internacional sino a una variante local afín a movimientos antisistema.
Los dos ataques perpetrados con unas horas de diferencia están relacionados entre sí, según fuentes policiales, que implican al presunto autor del tiroteo, detenido tras su acción, con el atentado de la capital, que afectó a cuatro edificios gubernamentales.
El detenido, un ciudadano noruego, según reveló el primer ministro Jens Stoltenberg en una comparecencia ante la prensa, iba armado con un fusil automático y, según las investigaciones policiales, está vinculado con el atentado de Oslo.
Se trata de un hombre de 32 años que hasta el momento no ha revelado los móviles de su acción en los interrogatorios y, antes del tiroteo, fue visto en la zona donde se produjo la explosión.
El Gobierno del socialdemócrata Stoltenberg, quien estaba previsto que visitara el campamento de las juventudes de su partido mañana, convocó una reunión urgente de crisis para evaluar la situación, mientras se reforzaban los controles en fronteras, aeropuertos y carreteras.
Stoltenberg condenó con toda severidad los atentados y garantizó que tales ataques “no socavarán nuestro compromiso con la democracia y con un mundo mejor”.
El primero de los ataques fue perpetrado a las 13.20 GMT al estallar una potente bomba en el complejo del Gobierno, situado en el centro de Oslo, donde murieron siete personas y quince resultaron heridas.
El segundo ataque se dio en el campamento de las juventudes socialdemócratas (UAF) en la isla de Utya, a unos 20 kilómetros de la capital, donde las autoridades informaron de 10 asesinados a balazos, tras unas horas de confusión acerca de la tragedia y mientras algunos medios citaban a testigos que hablaban de hasta 30 muertos.
Según medios noruegos, el agresor entró en el campamento con uniforme policial con el pretexto de velar por su seguridad y abrió fuego indiscriminadamente a su alrededor. El sospechoso había servido anteriormente en la Policía y hablaba con acento de Oslo.
Unas horas después de los ataques, y mientras medios noruegos difundían imágenes de personas heridas y edificios destrozados en el centro de Oslo, el grupo yihadista Ansar al-Yihad al-Alami reclamaba la autoría desde Nueva York. La propia organización islamista se retractó luego, a través de un foro en Internet.
Ningún miembro del Gobierno resultó herido en la explosión de la capital, avanzó el primer ministro Stoltenberg en una primera intervención poco después de lo ocurrido, por teléfono, y desde un lugar no revelado por razones de seguridad.
En esa primera intervención calificó de “muy grave” la situación, a lo que siguieron luego las primeras informaciones, envueltas en la confusión, sobre el tiroteo, perpetrado a las 15.30 GMT en un campamento ocupado por unas 560 personas en la isla de Utya.
Ver en la versión impresa las páginas: 1 A ,6 A



