La política de Valenzuela

A partir de mañana el señor Arturo Valenzuela dejará de ser el jefe de la política de Estados Unidos para América Latina y el Caribe, según él mismo lo informó a los periodistas el martes de esta semana en Washington D.C.

Valenzuela regresa a sus labores académicas en el ámbito de las ciencias políticas, en la Universidad de Georgetown, en la misma ciudad de Washington, de donde según sus críticos más acerbos nunca debió salir. Sin embargo, Valenzuela aseguró que deja el cargo con la plena satisfacción del deber cumplido.

Pero, ¿cuál es el deber que cumplió? La verdad es que por sus antecedentes políticos para Valenzuela no fue fácil ocupar la subsecretaría de Estado para asuntos del hemisferio occidental. Fue nominado por el presidente Obama el 12 de mayo de 2009 y solo logró la confirmación del Senado hasta el 5 de noviembre de ese año.

Es que de acuerdo con la Constitución de Estados Unidos, el Presidente propone a las personas para ocupar altos cargos públicos como el de Arturo Valenzuela, pero el Senado tiene que aceptarlos o rechazarlos. Y la verdad es que a pesar de todos los defectos que sin duda tiene el sistema político estadounidense, los gobernantes de ese país cumplen las normas constitucionales y respetan las reglas democráticas.

También en Nicaragua la Constitución dispone que la Asamblea Nacional debe ratificar el nombramiento de los ministros, viceministros, jefes de misiones diplomáticas y otros altos cargos. Agrega la Constitución que cada nombramiento solo será firme hasta que lo ratifique la Asamblea Nacional, y en caso de no ser ratificado, el Presidente tiene que hacer una nueva propuesta, dentro del plazo de treinta días hábiles, la cual será sometida al mismo procedimiento de aprobación parlamentaria.

Pero está visto que a Daniel Ortega le importa un comino la Constitución en todo lo que interfiere su estilo autoritario de gobernar. Por eso no ha sometido ningún nombramiento a la ratificación parlamentaria, lo cual significa un virtual golpe de Estado contra la Constitución, igual que otros flagrantes atropellos a la Carta Magna como el de imponer su inconstitucional candidatura a una nueva reelección presidencial.

En Estados Unidos no es posible ni siquiera imaginar que el presidente se atreva a imponer un cargo como el de Arturo Valenzuela, o el de embajador en cualquier país del mundo, ignorando la obligación constitucional de someter su nombramiento a la aprobación del Senado. Pero en Nicaragua eso lo hace Daniel Ortega en todos los casos, y no pasa nada, porque la oposición no puede o no se atreve a actuar contra las arbitrariedades del gobernante, porque la ciudadanía parece no interesarse por esas cosas y a los gobiernos extranjeros democráticos, incluyendo el de Estados Unidos, no les importa que los embajadores que Ortega envíe a sus países no sean nombrados de acuerdo con lo que manda la Constitución nicaragüense, con lo que avalan de hecho la arbitrariedad del régimen orteguista.

Esa política del avestruz es precisamente la que ha auspiciado y practicado Arturo Valenzuela en América Latina, como subsecretario de Estado de Estados Unidos para el hemisferio occidental.

Para justificarse y refutar a sus críticos que lo acusaron de practicar una política “carente de pasión por la libertad y los derechos humanos”, Valenzuela dijo que “hay algunos que quisieran que todavía siga la Guerra Fría en América Latina. (Pero) La Guerra Fría ya se ha terminado, estamos mirando hacia adelante”.

En realidad, quienes quieren actuar como en la época de la Guerra Fría son los caudillos populistas, los que están restableciendo las dictaduras del pasado aunque con nuevas modalidades y aprovechándose mañosamente de las facilidades y debilidades de la democracia. Por el contrario, quienes defienden los valores de la libertad y las instituciones y normas de la democracia, no quieren que regrese la Guerra Fría sino que se respeten los derechos democráticos de todos los ciudadanos y en todos los países, sean grandes o pequeños, ricos o pobres.

No se sabe todavía con quién el presidente Obama quiere sustituir a Arturo Valenzuela. De todas maneras eso será hasta finales de año, pues el Congreso de Estados Unidos va a receso vacacional y luego se tomará todo el tiempo que estime necesario, para considerar la propuesta que presente el presidente Obama. Y en cualquier caso, independientemente de quién sea el que va a sustituir a Valenzuela en la conducción de la política estadounidense para América Latina y el Caribe, la reconquista de la democracia en Nicaragua tiene que ser obra fundamentalmente y ante todo de los mismos nicaragüenses.

COMENTARIOS

  1. camilo garcia
    Hace 15 años

    Debe ser frustrante para el articulista saber que tienen una oposicion «con paralisis cerebral», una dictadura que se hechado en el «saco» a toda la poblacion «que no reacciona» y a una comunidad internacional «que acepta los desafueros del presidente»; es doblemente frustrante sentirse impotente «hueler» que la clase dominante está siendo desplazada por DOS y el FSLN. Sigan quejandose es lo unico que les queda en su republica «de papel»

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