LA PRENSA/AGENCIAS
Tras años dedicado a cantar contra la injusticia y la desigualdad, el trovador argentino se topó con la muerte cuando se disponía a abandonar Guatemala, donde había ofrecido dos conciertos en la capital y en Quetzaltenango. Un grupo de sicarios le abatió a tiros.
Antes que Cabral han sido otros artistas latinoamericanos los que han perdido la vida de forma violenta. Tal es el ejemplo del emblemático artista chileno Víctor Jara, al que América Latina no olvida. Cantautor, director de teatro y destacado miembro del Partido Comunista de Chile, que fue fusilado en el estadio Chile el 16 de septiembre de 1973 tras el golpe de Estado en el país encabezado por Augusto Pinochet.
En el año 2003 ese mismo estadio en que le quitaron la vida fue rebautizado con su nombre.
SELENA TAMBIÉN MURIÓ ABATIDA A TIROS
La famosa y carismática Selena, reina del tex-mex, murió abatida a tiros, en su caso por la espalda, el 31 de marzo de 1995. Su asesina fue Yolanda Saldívar, la presidenta de su club de admiradores, quien fue sentenciada a cadena perpetua.

También Rafael Orozco, el cofundador de la banda folclórica colombiana El Binomio de Oro, fue asesinado el 11 de junio de 1992 durante una fiesta que celebraba su hija en la terraza de su propia casa y cuando conversaba con dos músicos de otra banda. Jamás hubo una sentencia.
También recibió varios disparos Felipe Pirela, venezolano conocido como el “Bolerista de América”, fue asesinado en 1972 en Puerto Rico. El asesino fue detenido tres días después.
La violencia se repitió con Víctor Yturbe, “El Pirulo”, el cantante de boleros más famoso de México, quien murió a consecuencia de los disparos que le abatieron en la puerta de su casa el 29 de noviembre de 1987. Nunca fueron hallados sus asesinos.
“PELIGROSO” CANTAUTOR PROTESTA
El autor de la famosa canción No soy de aquí, ni soy de allá, nació en La Plata, provincia de Buenos Aires, el 22 de mayo de 1937, en el seno de una familia humilde. Facundo fue abandonado por su padre poco antes de nacer y a los 9 años dejó su casa familiar para ir a la aventura de conocer al entonces presidente argentino Juan Domingo Perón, porque había oído que este ofrecía trabajo a los pobres.
Tras una intensa juventud no exenta de los excesos del alcohol, el artista se refugió en la religión cristiana y comenzó a actuar cantando sus propias canciones inspiradas en ideas sociales de justicia y solidaridad, además de poesía, lo que hacía de él un cantautor protesta.
Por esa condición de la que era ya conocido en su país tuvo que abandonar Argentina en 1976 durante la última dictadura y se exilió en México, donde continuó componiendo y haciendo representaciones.
A los 40 años conoció en Nueva York al “amor de su vida”, una joven veinte años menor que él con la que tuvo una hija. Ambas murieron en un accidente de avión.
Abatido por la tragedia, fue precisamente la Madre Teresa quien le sacudió preguntándole “Facundo, ¿dónde vas a poner el amor que te va a sobrar?”, y así se lo llevó a bañar leprosos a Calcuta.
En 1984 regresó a Argentina para ser profeta en su tierra, vendiendo discos y llenando teatros y estadios. Hombre de mil anécdotas, de vida intensa, vivía desde hace algunos años en un hotel de Buenos Aires, ya casi ciego, pero sin dejar de crear y comunicar su arte.
Grabó decenas de discos y escribió varios libros, una decena de ellos editados, entre ellos Borges y yo, donde repasa sus diálogos con el célebre escritor argentino.
MENSAJERO DE LA PAZ

Declarado por la Unesco Mensajero Mundial de la Paz y nominado al Nobel de la Paz en 2008, Cabral murió paradójicamente víctima de una atroz violencia, a la que no le tenía miedo.
“Si estás poblado de amor no podés tener miedo porque el amor es valentía. Yo me crié en la violencia, con siete hermanos, nueve años en el desierto y cuatro de ellos murieron de hambre y de frío. Me crié con la violencia, luego la dictadura, el abandono de mi padre”, dijo Cabral el año pasado, en una entrevista en México, cuando le preguntaron si no tenía miedo de actuar allí.
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