BOGOTÁ/AP
Cuando protestas callejeras y militares sacaron del poder en un fallido golpe de estado en abril del 2002 al presidente Hugo Chávez, el dirigente no lo dudó: su destino sería Cuba.
Fidel Castro, entonces primer mandatario de la isla, reveló el secreto días después, cuando Chávez ya había regresado al poder: que él le había dicho en medio del golpe que no se inmolara y que lo esperaba en La Habana.
Pero Chávez, un robusto hombre de 56 años, que aparentemente ha perdido peso, no tuvo que irse a la capital cubana. Ni siquiera salió del territorio venezolano. Regresó triunfante a Caracas cuando la insurrección fue derrotada.
Eje de su acción política y personal, Chávez ha destinado miles de millones de dólares de la riqueza petrolera venezolana a distintos países, principalmente a Cuba, nación a la que le profesa admiración.
Ha financiado la entrega de barriles de crudo a precios preferenciales a Cuba, Nicaragua y países del Caribe, en distintos programas y a través de la unión de las petroleras regionales y unidas llamada Petrocaribe.
También ha donado helicópteros y aviones a Bolivia.
Ha usado los que sus opositores llaman “la diplomacia de la chequera” para apoyar candidaturas presidenciales, algunas con mayor éxito que otras. En todos los casos, las contribuciones no son reconocidas por sus receptores.
¿Frente a una ausencia definitiva del controversial dirigente de izquierda sus aliados deben preocuparse? ¿El apoyo político y el dinero seguirá fluyendo?
¿Quiénes están llamados a suplir ese vacío, a copar el espacio que deja Chávez? ¿Cómo se mueve o cambia políticamente el eje de izquierda latinoamericano ante la ausencia de uno de sus principales promotores y gestores?
Ni funcionarios de la región ni analistas consultados por The Associated Press parecen tener una única respuesta a complejas interrogantes cuya respuesta, en buena medida, dependerá de la evolución de lo que Chávez dijo era una operación a un tumor que contenía células cancerígenas.
AFERRADO AL PODER
Lo que por ahora está claro es que mientras esté en capacidad física, Chávez no va a soltar el poder. El vicepresidente Elías Jaua dijo ayer viernes que no planea asumir la presidencia de manera interina pese a que el presidente venezolano prácticamente vive en La Habana desde el ocho de junio para recibir atención médica.
Las autoridades no han especificado cuánto tiempo más pernoctará en la isla caribeña.
Tampoco se han conocido detalles clave sobre su periplo médico ni en Venezuela ni en Cuba. Nadie ha establecido la fecha de la intervención quirúrgica, ni cuándo fue detectado el tumor, ni en qué lugar de su cuerpo se encuentra o si el resultado de la operación fue satisfactorio, o no.
En ambas naciones predomina un sistema en que solo autorizados voceros oficiales hablan de asuntos de interés público. Y en este caso la solitaria voz que se escucha es la del propio dirigente.
CUATRO EN RIESGO
Precisamente por su influencia continental con su chequera y programas petroleros y el tono enérgico de su discurso, es que se han abierto los interrogantes sobre el futuro de ese eje latinoamericano compuesto por Bolivia, Nicaragua, Cuba y Ecuador, principalmente. Los otros aliados de Caracas, Brasil y Argentina, llevan un discurso político y un motor económico autónomo.
El politólogo Juan Tokatlian, profesor de Relaciones Internacionales en la Universidad Torcuato di Tella, de Buenos Aires, afirmó que aunque existe una influencia y una visibilidad pública internacional del mandatario, su parcial ausencia de la escena regional no alterará los rumbos domésticos en cada país, ni los procesos políticos o económicos iniciados en cada nación, que parecen moverse por sí solos.
A manera de ejemplo destacó la victoria de Ollanta Humala en Perú y el hecho de que aunque Evo Morales se enfrenta a problemas internos, todavía goza de popularidad.
“Hoy tenemos en Sudamérica un balance regional de líderes bastante equilibrado”, dice Tokatlian. “Acá no se compró el discurso del eje del bien y del eje del mal. Veo equilibrios regionales, más que vacíos por llenar; la región, aún con Chávez replegado, va a seguir conviviendo con un sistema sutil de equilibrios”.
Kintto Lucas, canciller encargado de Ecuador, coincide con el politólogo al desestimar que la ausencia chavista acabe con ese eje izquierdista porque hay otros dirigentes. “Los cambios en América del Sur no son porque existe un liderazgo único, es un liderazgo colectivo de distintos presidentes”, dijo.
Para Norma Piérola, diputada de Convergencia Nacional (CN), principal partido de oposición en la Asamblea Legislativa boliviana, la situación es todo lo contrario: “Un eventual alejamiento de Chávez del escenario político afectará mucho, no sólo en Venezuela, sino en todos los países de la influencia chavista. Chávez trató de revivir un comunismo trasnochado y su apoyo a muchos países se basa en fuerte ayuda económica, sin eso su proyecto político en el continente se debilitará”.
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