Los incendios forestales continúan en el Este de Texas y los calores de 100F grados siguen pegando duro en Houston. Han pasado casi 150 días seguidos sin lluvias que valgan la pena. El Houston Chronicle ofrece consejos diarios acerca de cómo debemos racionar el agua en forma voluntaria. Por ejemplo:
«Los que viven en casas de números pares pueden regar la grama los jueves y los domingos. Los que viven en casas de números nones, los martes y viernes». Desde el primero de enero, Houston, ha recibido 18 pulgadas menos de lluvia en comparación al año pasado.
Los árboles ya no están verdes oscuros, más bien lucen un verde pálido y muchos están muriendo de sed. Este es el tiempo que los insectos aprovechan para devorarlos con facilidad.
Entiendo que el municipio Houston ha sembrado millones de árboles en los últimos tres años, pero muchos de ellos perecen actualmente porque no hay suficiente agua para mantenerlos con vida. Creo que debemos de emplear nuestras propias ideas para conservar este precioso líquido.
Vivo en Houston desde la temporada de beisbol de 1962 y nunca había visto una primavera tan seca. El 20 de junio terminó la primavera y ya estamos en verano y lo que el hombre del tiempo nos vaticina, no es nada bueno que se diga…
Debido a las horribles heladas del invierno pasado y la sequía de este año, mis árboles sufrieron lo indecible. Tanto fue el daño, que los primeros higos de esta cosecha son un poco más pequeños, pero ya comenzamos a cortarlos para hacer almíbar y comer algunos.
Todas las mañanitas, antes del calor, voy a la parra y como uvas allí mismo. De las cuatro enredaderas o matas de uvas, solamente dos están produciendo y no en gran cantidad. Daría mucho por tener tierra del área de Ticuantepe, kilómetro 14 y medio de la carretera a Masaya para abonar mis plantas. Tendría un jardín más florido del que tengo ahora…
Parece mentira, pero uno se llena de «chunches» y en el garaje casi no se puede caminar. Por eso dije a la familia que dejara de mandar regalos porque ya no hay espacio en esta pequeña casa debido a que está llena de «chunches». La verdad es que no se me viene otra palabra para expresar el relajo de cosas inservibles para mí y que por el momento «adornan» el garaje. (Mi amigo Arturo Sánchez, llamó y dijo que puedo usar cachivachi o tareco. Esto de tareco me suena a las Canarias). En nicalandia también usamos cachivachi ahora que recuerdo. Sería lindo saber qué palabra usaron los exploradores Francisco Hernández de Córdoba o Pedrarias de Ávila cuando la conquista de Nicaragua.
Claro que hay «chunches» de sobra hasta en los dormitorios y roperos. Por ejemplo, en mi oficinita, tengo tres cámaras. Una Olympus que dejé de usar hace años porque es muy grande. Tremenda cámara, pero demasiado grande.
Otra de marca Nikon, formidable también, pero hay que estar sacando las baterías para recargarlas. Esta es más pequeña que la anterior, pero más grande de lo que yo quisiera. Y ahora tengo una Kodak que me gusta por el tamaño pequeño y su propia batería integrada que dicho sea de paso es recargable. Me la regaló René Adán y la he usado casi un año.
Pero…pero estas dos últimas cámaras tienen algo que me hace sentir de lo más incómodo y, no lo averigüé hasta que me puse a pensar en forma detenida. Estos dos últimos «chunches» que están entre los modernos, me hacen sentir incómodo porque simplemente no tienen visor o sistema óptico para enfocar el objeto que uno quiere fotografiar. Hay que hacerlo por medio de una ridícula pantalla que de día no se ve. Con el Sol de Texas son inservibles.
¿Estamos?
Ahora, la cámara más vieja, la Olympus, tiene visor y pantalla, además de un lente tremendo. Desdichadamente, repito, es muy grande y no tiene batería integrada. Esto quiere decir que pronto tengo que arribar a una solución para dejar de sentirme incómodo. No todo el tiempo uno tiene lo que uno quiere…
Estoy en busca de un cargador MP3 o MP4 con transmisor FM integrado , no solamente para escuchar mi música preferida en el carro, también lo quiero para ser usado con mi Surround Sound de mi home theater. Tengo tres semanas de navegar en la Internet. Claro que hay muchos, pero cada vez que me gusta uno, leo los comentarios de viejos usuarios y quedo desilusionado. Si hay alguien en esta lista que haya tenido suerte con uno bueno, me gustaría aprovechar su experiencia, si no es molestia…
Hoy tomé la decisión de no volver a ingerir alimentos que tengan azúcar artificial. Me refiero a todas sin excepción. Por recomendación de mi buen amigo Tito Rondón, he estado consumiendo sorbete o Ice Cream endulzado con Splenda que no padece de la mala fama de Aspertame. Pero la realidad es que por asociación, todos estos químicos nos hacen daño y, desde el día de hoy, Splenda queda absolutamente prohibida en mi hogar.
Del «chunchero» que tengo en el garaje, desempolvaré la caja donde está la máquina eléctrica para hacer sorbete. Así que comenzando hoy, haré mi propio sorbete con lecha en vez de crema y con azúcar de verdad. La cantidad de azúcar será reducida a la mínima expresión. Claro que las personas diabéticas no pueden darse este lujo y yo comprendo…
Hace una tres semanas cuando iba rumbo a Costco, la policía de tráfico me dio una cita para comparecer a la Corte porque la calcomanía del revisado del carro estaba vencida. La realidad fue que se me fue por alto, como se dice. Creo que la última cita de tráfico me la dieron hace como unos treinta o más años. El tipo me dio una cita en vez de un aviso o recordatorio amigable para que cumpliera con la ordenanza. Es posible que todos los distritos de la ciudad estén hambrientos.
Este revisado anual consiste en que una computadora comprueba si el carro está produciendo humo. En otras palabras es un asunto ambiental. Fui al taller y el vehículo pasó todas las pruebas con los mejores colores, pero de todas maneras tengo que ir a pagar por el inocente olvido. Claro que voy armado con la prueba del revisado nuevo.
Bien, este es otro día y finalmente fui a la Corte de mi vecindad. En la sala había un grupo de quizá 20 personas con rostros bien agrios. El policía de la puerta dijo que me quitara el sombrero y tuve que aguantar la corriente de aire acondicionado sobre mi propia calva. Por dicha que no me dio una multa por este olvido. El recinto no tenía bandera ni símbolo de nada, solamente había un escritorio con dos sillas a un lado y dos al otro. En mis adentros pensé estar en un pueblo miserable de Texas al frente del tristemente famoso Juez o Fiscal dictatorial del oeste legendario, Judge Bean y no en Houston, la cuarta ciudad más grande del país.
Luego de 10 minutos de espera, entró el Fiscal, un tipo de unos 50 años de edad en cuerpo de camisa, sin toga. Una dama gorda con una libreta de recibos en las manos y con cara de pocos amigos se sentó junto al hombre que decidiría cuánto dinero nos sacaría del bolsillo. Digo esto porque en mi caso, no había cometido violación de tráfico. Yo entiendo que el espíritu de la ley es no crear peligro o riesgo en las vías de la ciudad.
Yo fu el primero en ser llamado por la C de mi apellido y me invitó a sentarme a la orilla del escritorio. El tipo leyó el papel que me dio el policía y lo comparó con el recibo que me dieron en el taller donde el carro pasó el examen una hora después que recibí la cita. Se echó una carcajada sonora y dijo que la cita era ridícula y que yo no tenía que pagar multa, solamente US$20 lapas verdes por cuota administrativa. Presenté mi tarjeta de crédito a la gorda y me dio un recibo. Yo consideré que en realidad fue multa o, más bien un robo a mano armada, como los cuatreros lo hacían en tiempos del Juez Bean. Pude haber protestado y pedido un juicio para otro día con el único objetivo de pelear y reírme un rato, Pero, el famoso Fiscal, cada vez que abría la boca nos hacía reír a carcajadas. Resultó ser un tipo encantador, un animador de primera en su propio escenario de una Corte que no tenía nada de judicial. Fueron tan buenos los chistes que las caras agrias de los otros citados por violaciones graves, comenzaron a cambiar. Yo fui objeto de los primeros chistes y eso fue suficiente para sentir que las US$20 lapas verdes fueron bien invertidas en un espectáculo saturado de humor. Se me quitó el enojo y me pasé riendo todo el camino de regreso a casa…
He a continuación una linda nota enviada por mi buen amigo Vernon Caldera con motivo del Día del Padre:
«Muy buenas fotos Chamacón. La primera es muy expresiva, muestra la mayor parte de la oficina, no muestra el vaso de agua lo que significa que pudieses estar tomando guaro y me parece la mejor. Las dos del jardín son tan buenas una como la otra, lo importante es que te ves feliz. Cheers,
Vernon». Escucha Vernon; nunca sabrás qué clase de guaro era.
Jaime Jarrín, tiene un jardín en su casa y no olvido la noche que me llevó de regalo a Dodger Stadium, una bolsa de jalapeños de su propia cosecha. Me solicitó copia de una foto en la que ambos aparecemos en plena acción hace muchas lunas diría yo, o, «Veinte Años Después» como la novela de Alejandro Dumas. Pues, de este viejo compañero de aventuras ligamayoristas, recibí esta nota que se expresa por sí misma:
«Recordado René: Perdona que no haya acusado recibo inmediatamente después de que el correo me entregara no una sino 3 fotografías que me recuerdan los días y las noches que tuve el placer de alternar contigo el micrófono en los juegos de Los Dodgers..Aprecio enormemente tu gentileza y la pericia artística de Jilma en reproducir la fotografía. Pienso entregar al departamento de publicidad de Los Dodgers una de estas fotografías para que la incluyan en los archivos del club. Aprovecho esta oportunidad para hacerte llegar mi más atento saludo con motivo del Día del Padre..Por la nota que me incluyes veo que te agasajaron de maravilla con un suculento almuerzo. En hora buena. Felicidades Chamacón!!! Jaime. PD: Que hermoso jardín-huerta tienes. Te envidio porque a mí también me encantan las flores y los árboles frutales». Y esta es, pues, la foto que pasará a la historia de los Dodgers:
Y de mi sobrina Aurorita, recibí este dulce mensaje el Día del Padre:
«Que buenas fotos tío René! Felicitaciones por ser hoy el día del padre y tener a tu lado a tía Jilma tan regia mujer! Qué dichoso que continua enamorándote! Besos, Aurora».
Tito Rondón, olvidó que también soy tatarabuelo, pero está bien que entre abuelos no hablemos de esa otra generación. Conste que para ser tatarabuelo hay que comenzar temprano… Agradezco a Tito sus buenos consejos y su ayuda para formar mis escritos deportivos:
«Que buenas fotos! Y qué belleza lo que te mandó Aurorita! Y espero te haya gustado el video Youtube que te mande… Felicidades padre y abuelo!
Recuerdo a Jilmita. Un abrazo, Yoli y Tito».
Tito narró los juegos de los Dodgers con Jaime y conmigo hace muchos
años (1990), «Cuando quedamos en el segundo lugar detrás de los Rojos de Cincinnati», dijo una vez. Es una lástima que no tengamos el recuerdo de una foto de los tres. Tito llegó a asistirnos, cuando Jaime tras un grave accidente de tráfico tuvo que permanecer fuera de acción por varios meses…
Sigo creyendo que el producto nicaragüense conocido como «pinolillo», es el que más disfruto, especialmente el que mi amigo Chéster Noguera, manda a preparar con extra cacao, especialmente para mí. En el invierno lo preparo como chocolate y en verano lo bato con hielo picado hasta que se pone espumoso.
Anoche por ejemplo, luego de pasar par de horas sudando la gota gorda en el jardín sembrando, podando y, regando, sí regando porque no creía que llovería, mi Chamacona me preparó unos frijolitos fritos en aceite de oliva italiano, yogurt griego, pedacitos de queso español manchego, un par de tortillas fritas y suavecitas, todo acompañado de un poderoso vaso de pinolillo espumante. Ah, pero ahora viene la parte creativa. Cuando estaba batiendo el pinolillo sin azúcar, le agregué menos de media cucharadita de miel (pura) de abejas únicamente para sabor. Aquello quedó como un néctar llegado del cielo. Pero eso no fue todo; hoy hice lo mismo con mi café con leche y mi paladar sigue fascinado…
Bueno ¿y qué pasó? Hoy 22 de junio, segundo día de verano a las siete de la mañana comenzó a caer un palo de agua de padre y señor mío luego de unas de las peores sequías que ha sufrido Houston. Le di gracias a Dios porque esto es un verdadero respiro.
Como paso muchas horas en el teclado de la computadora, el doctor recomendó que parpadeara y me levantara cada 15 o 20 minutos, que caminara en la casa y que saliera al jardín a dar una vuelta para ejercitar los pies y que no se inflamaran como ocurre cuando uno viaja horas en avión.
Recomendó que hiciera lo mismo varias veces durante el día y la noche. Pues hoy, como a las dos de la tarde paró de llover por un momento y fui al jardín, pero al pasar por la cocina ve un plato con más de 100 higos que cortó mi Chamacona la noche anterior. Frutas hermosas y no como las de hace una semana.
Pues cuando llegué al fondo del jardín vi que los árboles de higos tenían cientos y cientos de frutas moradas y grandes. En un par de días crecieron bárbaramente y hoy en la noche comenzará el proceso de hacerlos en miel, enteros con muy poca azúcar. Será mi mermelada para todo el año. Para evitar que se pierdan, mi Chamacona –usualmente– hace almíbar dos veces a la semana.
Anoche cuando me disponía a ver mi programa favorito «Star Trek», mi Chamacona me llevó un platito con cien uvas que ella había cortado de nuestra Parra. No me como la cáscara porque no son uvas de Napa, pero son uvas de mi jardín y por eso las disfruto lo indecible. Les cuento que estoy compitiendo con los pájaros, trato de adelantarme un poquito antes que las picoteen.
Con la lluvia de hoy, parece que las pocas lechugas de mi hortaliza se sacudieron el polvo. Se ven verdes y frescas en toda su gloria. Mañana me embucharé una ensalada con aderezo casero. Soy del parecer que si yo hubiera poseído tierras en Nicaragua, habría sido el mejor jardinero del país o, por lo menos, me daría duro hasta con el más pintado de los agricultores.
En la próxima les contaré el resultado de mi experimento de esta noche. Ya tengo todo preparado para hacer sorbete en mi maquinita. Haré uno con gusto a banano y otro con gusto a mango. Los mangos que están llegando de México a Houston son los mejores del mundo, creo yo.
Un abrazote,
René.