Por Eduardo Cruz
Fotos de LA PRENSA/ Uriel Molina
En realidad nunca ha participado ni un segundo en el rodaje de alguna película. De ninguna manera. Pero el exboxeador nicaragüense Martín de Jesús González Hernández ya tuvo en las manos una de las doradas estatuillas que tanto anhelan los actores y actrices de Hollywood.
Fue en el año 2004, después de entrenar a la actriz Hilary Swank, quien se hizo merecedora del premio por su actuación como la boxeadora Maggie Fitzgerald en la película Million Dollar Baby , dirigida y coprotagonizada por la leyenda del cine, Clint Eastwood.
Swank le dio a cargar el premio a Martín González y le dijo: “It´s a little heavy (es un poco pesado)”. “Ese Oscar pesaba más de 10 libras”, recuerda el exboxeador nicaragüense, quien cargó la estatuilla y luego se la regresó a su verdadera dueña.
González es tío del actual campeón nicaragüense Román “Chocolatito” González, y peleó en Nicaragua a nivel amateur entre los años 1984 y 1990, ganando la Copa Sandino y representando al país en torneos centroamericanos.
A LOS ESTADOS UNIDOS
llegó en 1992 de la mano de Alexis Argüello, quien le consiguió peleas como profesional. Martín decidió quedarse a probar suerte en el país del norte, pero un accidente en moto, en 1995, le cambió la vida.
Ya no podía seguir peleando y tuvo que ganarse el sustento trabajando en gasolineras, en supermercados, lavando platos en restaurantes o cortando el césped en campos de golf. Se puso regordete.
El boxeo le hacía guiños de nuevo. Cada vez que veía una pelea por televisión, le daba melancolía. Un día del año 2003 se acordó de su último entrenador, el panameño Héctor Roca, y lo fue a visitar a su trabajo, en el gimnasio Gleason’s, en Brooklyn, Nueva York.
Se quedó trabajando con Roca, un reconocido entrenador de boxeo en Nueva York, y poco después llegó la oportunidad de entrenar a Hilary Swank. Clint Eastwood contrató a Roca para que adiestrara a la actriz, y el panameño comenzó a trabajar en ella con su equipo. González se encargaba de ayudarla a trabajar con la “pera loca” y con el “mascoteo”, poniéndose unos guantes en las manos para contener los golpes de Swank.
LAS VULGARIDADES
y las palabras soeces reinaban en el gimnasio Gleason´s. Las bromas de los boxeadores sobre temas sexuales eran el plato de todos los días. Hilary Swank solo escuchaba. Hasta que los peleadores se percataron que alguien diferente, una figura femenina delicada, también era huésped del gimnasio. Entonces comenzaron a cambiar la forma de hablar ante la presencia de la dama.
“No, no dejen de hablar a como lo hacen normalmente. No me traten como a alguien extraño”, les decía Swank a todo el equipo de boxeadores. Se quería sentir una boxeadora más, comía con los boxeadores, usaba el mismo baño de todas las boxeadoras.
En una ocasión el boxeador Edgard Santana le dejó ir un puñetazo en el rostro, haciendo que Swank arrugara el rostro. Se quedó ida un momento, después se reincorporó y dijo: “Ahora sé lo que es un puñetazo en la cara”. Y siguió entrenando con normalidad.
El panameño Roca dirigía los entrenamientos. El nombre de él es el que aparece en los créditos de la película Million Dollar Baby . Pero le dio la oportunidad a González de apoyarlo con la preparación física de Swank.
Ya un poco avanzada en los entrenamientos, Swank le conectó un derechazo a la peleadora Maureen Shea y corrió a pedirle disculpas, lo que molestó a Roca. Swank nunca más pidió disculpas cuando golpeaba.
Fueron tres meses intensos de preparación, en los que González trataba de adiestrar a Swank con la “pera loca”, ya que había una escena de la película en que la actriz actuaría golpeando la pera.
En la película la pelea sería en las 122 libras, pero Swank bajaba mucho de peso, debido al duro entrenamiento de seis días a la semana y más de cuatro horas diarias con algunos intervalos.
“Ella era sencilla, compartía mucho con nosotros. De mí creía que yo era panameño como Roca. Yo le dije que era nicaragüense y le pedía disculpas por mi forma de hablar el inglés, pero ella me decía que no me preocupara, que en este país (Estados Unidos) todos somos inmigrantes”, recuerda con agrado uno de los primeros “Chocolate” del boxeo nicaragüense.
CUANDO LLEGÓ
el momento en que inició la filmación de la película, el propio Clint Eastwood llegó al Gleason´s para llevarse a Swank. El actor y director quedó complacido con el trabajo que realizó el equipo de Roca y los felicitó.
“Yo solo intercambié unas palabras con él, pero no llegué a tener un acercamiento. Lo que me contaron es que es una persona muy seria en su trabajo”, recuerda González acerca de Clint Eastwood.
La película fue un éxito. Ganó cuatro premios Oscar, entre ellos mejor película, mejor director (Clint Eastwood), mejor actor de reparto (Morgan Freeman) y el más importante, mejor actriz, para Hilary Swank.
Todos los entrenadores fueron invitados al estreno. Swank le dedicó unas palabras a los entrenadores. “Ella nos dedicó tiempo ese día, nos presentó a personas importantes”, relató González.
Hay una parte de la película en que Maggie Fitzgerald (Swank) le pide a su jefe que le deje llevar unos sobrantes de comida para su mascota, pero en realidad era para alimentarse ella, ya que estaba ahorrando dinero para pagar al entrenador de boxeo. González se identifica con esa parte del filme, ya que él conoce todos los sacrificios que hacen los boxeadores para llegar a triunfar.
Swank después llevó el trofeo al gimnasio. Allí fue donde González pudo cargar el Oscar.
Swank ha reconocido que el entrenamiento como boxeadora, en el gimnasio Gleason´s, le ha ayudado en la vida. Recuerda que ganó como 10 libras de músculos y que principalmente fue un buen ejercicio por el esfuerzo mental que se requiere para ser un boxeador.
González sigue entrenando a boxeadores, siempre bajo el apoyo del panameño Roca, y sueña con algún día entrenar a su sobrino, Ramón “Chocolate” González. Él no quiere un Oscar, lo único con lo que sueña es con forjar un campeón mundial de boxeo. El entrenador nicaragüense de la ganadora de un Oscar confía en lograrlo.
Ver en la versión impresa las paginas: 18 ,19


