La industria textil y de la confección que opera bajo el régimen de zonas francas proyecta la creación de entre 10 mil y 15 mil nuevos puestos de trabajo en lo que resta del año, como consecuencia de la apertura de nuevas empresas y la ampliación de la capacidad de producción de otras. Si las proyecciones se cumplen al final del año la industria tendrá 80 mil trabajadores.
- Dean García, director ejecutivo de Anitec, mencionó que dos empresas de capital mexicano empezarán a operar próximamente para fabricar uniformes y trajes.
García estimó que el sector textil alcanzará este año exportaciones por 1,300 millones de dólares, frente a los 1,100 millones del año pasado.
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Dean García, director ejecutivo de la Asociación Nicaragüense de la Industria Textil y de la Confección (Anitec), declaró ayer a LA PRENSA que “es aceptable el nerviosismo de nuestros hermanos centroamericanos”, porque Nicaragua está haciendo “progresos económicos y productivos” y es “muy competitiva en el sector textil”, como recientemente lo demostró un estudio de la firma O’Rourke Group Partners.
El martes la Asociación de Maquiladoras de Honduras confirmó sus temores de que este año se puedan perder al menos 20 mil puestos de trabajo, debido a problemas de competitividad del vecino país, lo que provoca que la inversión extranjera ponga su vista en otros países de la región como El Salvador y Nicaragua.
“AHORA HAY QUE TENERLE TEMOR”
“Centroamérica en términos generales estaba acostumbrada a que Nicaragua no era un país competitivo y no era un socio comercial a quien tenerle temor. Hoy sí hay que tenerle temor como socio comercial porque estamos elevando los niveles de competitividad, de exportación y desarrollo”, reiteró García.
El director ejecutivo de Anitec confirmó que algunas empresas con base en Honduras han trasladado operaciones a Nicaragua, que tiene mejores ventajas competitivas. No obstante, destacó que este traslado “no ha sido de la magnitud como lo han puesto en los medios de comunicación hondureños”.
Mencionó que una empresa estadounidense, que antes cortaba y lavaba la tela en Honduras, y luego traslada dicha materia prima a sus instalaciones en Nicaragua para elaborar prendas de vestir, decidió hacer todo este proceso en Nicaragua.
Esto significó que dicha empresa, cuyo nombre no precisó, duplicara el número de trabajadores en Nicaragua, es decir de 1,500 a tres mil.
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