Por naturaleza, las mujeres vemos en nuestro padre un ser de protección desde que nacemos, ya que a diferencia de la mamá, ellos tienden a mantener una relación aún más cercana con nosotras por diferentes factores.
La psicóloga Adriana Trillos afirma que cuando los padres llegan a desarrollar relaciones más estrechas con sus hijas que con sus hijos, pueden estar disfrazando conflictos latentes. “El rechazo hacia quien no está siguiendo su modelo de masculinidad, la frustración de no causar la admiración esperada por parte del varón, las tensiones que podrían estar ocurriendo en la pareja o simplemente la percepción de que una niña requiere de más atención, afecto y cuidado por considerarla sensible y delicada, son los más comunes”, explica.
Trillos dice que es así como entonces pueden surgir estilos de relación específicos, como los siguientes.
1. BASADOS EN LA COMPLICIDAD
Padres que fingen autoridad pero en realidad temen ejercerla por la creencia de que terminarían lastimando a sus hijas. Se hacen llamar sus amigos y lógicamente son las madres quienes quedan como enemigas si se oponen. Al mismo tiempo es una forma de descalificar a la madre. En consecuencia, no ponen límites y se convierten en falsos aliados de hijas demandantes, exigentes y con conductas de abuso.
2. BASADOS EN LA COMPASIÓN
Padres que perciben a sus hijas como víctimas, a quienes lo único que les hace falta es paciencia y comprensión para salir adelante. Suelen victimizarlas y negar cualquier posibilidad de que sean responsables por lo que les pasa. Como resultado, son padres impotentes que ven en sus hijas la incapacidad de superar solas las dificultades de la vida.
3. BASADOS EN LA COMPLEMENTARIEDAD
Padres que encuentran en sus hijas lo que no reciben de la pareja, el trabajo, la familia o los amigos. Construyen una dependencia emocional con ellas para garantizar de por vida una fuente de afecto o satisfacción.
En expresión de lealtad, las hijas terminan haciéndose cargo del padre, ya sea manteniéndolo, acompañándolo a casi todo, o conviviendo con él, además, de ambas partes, existe la creencia de que se necesitan mutuamente y que “sólo se tienen el uno al otro”.
Sin embargo, esto no significa que todas las relaciones estrechas y de complicidad que puedan existir entre papá e hija puedan deberse a dichos factores, sino más bien a la manera en cómo se cosecha una relación de amistad entre ambos.
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