En la parada de buses del Hospital Fernando Vélez Paiz está una improvisada caseta de madera y techo de plástico llena de galletas, dulces y cigarrillos.
Quien atiende es Cairo Bolívar Herrera Castro, de 15 años. El puesto de ventas no es de él sino de Alison Mora, su pareja.
Los fines de semana la acompaña en el trabajo, pero de lunes a viernes él trabaja todo el día en un taller. Ya no estudia.
Ellos son parte de ese casi 60 por ciento de jóvenes en edad escolar que abandonan la educación secundaria.
“Dejé de estudiar porque ahora tengo una responsabilidad, mi novia está embarazada y tengo que hacerme cargo”, dice Cairo Herrera.
Él cursó segundo año de secundaria y ella llegó hasta tercero. Con el embarazo decidieron retirarse del colegio y dedicarse a trabajar. Sus padres los apoyaron con el bebé, pero a ambos les hicieron saber que no podían seguir asumiendo el costo de sus estudios. No pudieron matricularse este año.
Según el Ministerio de Educación, la tasa de matrícula secundaria en Nicaragua alcanzó 45.5 por ciento en 2007, pero la tasa de escolaridad de la educación básica y media el año pasado fue de 53.3 por ciento en preescolar, 87.1 en primaria y solo el 45 por ciento en secundaria.
“Necesito estar todo el día para vender. Mi mamá me dijo que me iba a apoyar con el cuido de la niña. Planeo terminar la carrera técnica”, comparte Alison Mora, de 15 años y con seis meses de embarazo.
Con su puesto obtiene ganancias que oscilan entre 200 y 500 córdobas, pero no todos los días son iguales. Él, que trabaja en un taller de mecánica automotriz, puede conseguir de 400 a 800 córdobas a la semana.

“Yo sé que si sigo así y me quedo sin estudiar voy a ganar siempre lo mismo y con un bebé más adelante el dinero no va a ajustar, además que no es lo mismo ganar así que tener un salario fijo”, comenta Cairo Herrera.
Alison Mora asiente y comparte que “él me ayuda para que yo no me canse tanto, se saca para la comida de diario, pero no quiero vivir toda mi vida de esto”.
“QUIERO, PERO NO PUEDO”
Nicaragua está en la cola de la lista de países de Latinoamérica y el Caribe en alcanzar los seis grados de primaria completos, según cifras de la Organización de las Naciones Unidas para la Educación, la Ciencia y la Cultura (Unesco).
En Nicaragua solo 47 de cada cien alumnos que ingresan al primer grado llegan hasta el sexto grado de primaria, según datos del Mined. Algo parecido ocurre con la secundaria.
Xiomara Murillo López es parte de este porcentaje, pero luego de completar este ciclo de estudios a los 14 años salió embarazada de su primer hija. Ahora tiene 19 años y antes de su segundo embarazo había logrado cursar el segundo año de secundaria.
“Me gusta estudiar, pero ahora aunque quiera no puedo”, asegura Murillo, madre de una niña de cinco años y un bebé de tres meses.
Su mamá la ayuda con los niños y su pareja la apoya económicamente, pero no está de acuerdo con que ella termine la secundaria.
“Él dice que no porque es perdedera de tiempo, que mejor me ocupe de los niños. Él llegó hasta primer año de secundaria, pero tiene un buen trabajo vendiendo muebles en Honduras”, comparte Murillo y dice: “Si me preguntás cómo me veo en un par de años, no sé, me da miedo pensar en eso”.
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