Por Efrén E. Sánchez Siria
Todo indica que ha pasado la época de las vacas gordas de las microfinanzas en Nicaragua. La hasta hace poco pujante industria microfinanciera nicaragüense que incluso se jactaba de ser la más desarrollada de Centroamérica, va cediendo espacio a tal extremo que varias instituciones que en aquel entonces lucían fuertes ahora según las noticias periodísticas, están quebradas o sumergidas en una crisis estructural provocada por la crisis financiera internacional, el “movimiento de no pago” y las fluctuaciones de precios de los principales productos agropecuarios.
Tal es el caso del BANEX, ACODEP y la Fundación José Nieborowski, para citar tres ejemplos. La primera tuvo una caída estrepitosa debido a que resultó tener una débil gobernabilidad y además falencias gerenciales y de tecnología crediticia en el afán de conseguir el liderazgo en la industria de microfinanzas, según el actual presidente de ASOMIF, ingeniero René Romero (LP, 19-Jul-10), y obligó al Estado a acusarlos penalmente por corrupción y malos manejos de sus finanzas (LP, 04-Nov-10).
De ACODEP, que llegó a ser la segunda más grande microfinanciera del país, los medios de comunicación dieron a conocer anomalías internas que incluso llevaron a la cárcel a su presidente ejecutivo acusado de hurto agravado, administración fraudulenta, autorización de actos indebidos y gestión abusiva (LP, 02-Dic-09), que tienen a dicha institución prácticamente en la ruina.
Más recientemente le tocó el turno a la Fundación J. Nieborowski. A su ya deteriorada situación financiera reflejada en la dramática disminución de clientes, cartera y del patrimonio que obligó a los fondeadores a retirarse y/o intervenir en sus operaciones, se suma la inestabilidad interna provocada por la existencia de dos juntas directivas que se acusan mutuamente de actos indebidos y mal manejo de las finanzas (LP, 07-Jun-11).
Pero, indudablemente lo que más golpeó esta industria es la negativa de los clientes afiliados al Movimiento de No Pago (MNP) de cancelar sus obligaciones. Los efectos de la crisis financiera mundial y el desplome de los precios de ganado de los años recientes entre otros son los más importantes factores.
Esta crisis fue lo que precisamente contribuyó a sacar a flote sus problemas internos. Además de los ya referidos, la inadecuada implementación de las tecnologías crediticias y el sobre endeudamiento de clientes, que trajo como consecuencia su crecimiento agresivo: la industria tuvo un crecimiento promedio anual del 30 por ciento en los últimos 5 años hasta antes de dicha crisis.
Los resultados inmediatos fueron las disminuciones de carteras y clientes en instituciones que se perfilaban como sólidas, golpeando directamente el patrimonio. Los fondeadores, quienes en los años de la bonanza se peleaban por estos clientes que aseguraban altas tasas de rentabilidad, rápidamente se esfumaron.
En los años de crecimiento todo marchaba bien. Las instituciones internacionales de calificación de riesgo centraron su atención en Nicaragua y en menos de cinco años tres microfinancieras obtuvieron el primer lugar del premio a la excelencia en microfinanzas otorgado por el BID: FAMA, Fundación José Nieborowsky y FDL, quedando a la orilla del premio otra media docena de estas organizaciones.
Varias de ellas estimuladas por los éxitos y alentadas por los fondeadores, especialmente del BID, se prepararon para convertirse primero en financieras reguladas y posteriormente en Bancos comerciales para lo que no faltaron sesudos asesores. En esta lista se inscribieron el BANEX, ACODEP, FUNDESER, FJN, FDL, FINCA, PRODESA entre otros. Solicitaron a la SIBOIF los requisitos y sus funcionarios sostuvieron reuniones con la institución reguladora del Sistema Financiero Nacional.
Los mismos asesores extranjeros que en otro momento alentaron agresivos crecimientos de cartera y diseñaron atrevidas políticas crediticias, productos y servicios flexibles competitivos (decían entonces), fueron llamados para que ayudaran a diseñar estrategias que permitieran sortear la crisis. Algunos, tímidamente acudieron al llamado, los más fuertes ni siquiera respondieron a esta invitación.
Sin embargo, ahora que los no pago ya no son aquel movimiento de agitadores que arrastraba multitudes y trancaba las principales carreteras del país, cuando la frustración hizo presa de sus seguidores que no ven solución a sus demandas y más bien comprueban que fueron utilizados con fines políticos, cuando la crisis empieza a menguar y el precio del ganado se recupera lentamente, cuando la Asamblea Nacional aprobó la ley que regulará la actividad microfinanciera, la nueva dirigencia de ASOMIF, encabezados por FUNDESER, ADIM y el FDL, hacen denodados esfuerzos por rescatar la industria del atolladero en el que se encuentra. Toda la sociedad nicaragüense, principales beneficiarios de las políticas de crédito, debemos apoyar esta lucha.
El autor es economista y abogado y notario público.
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