Danilo Arbilla

Crispado y dividido

Finalmente este domingo 5 los peruanos optaron por Ollanta Humala. No había forma de errarle en el pronóstico y esta columna no perdía actualidad incluso pasadas las elecciones. Ollanta Humala presidirá el Perú por cinco años a partir del próximo 18 de julio.

Las especulaciones, incertidumbres, temores, amenazas y vaticinios de lo que va a ocurrir en los 43 días que median hasta el cambio de mando y lo que pasará en el lustro siguiente serán temas de cada jornada, tras una campaña electoral que ha dejado a un Perú dividido y crispado. Por lo menos, eso es lo que reflejaban los medios de prensa, que mas que órganos de información parecían “jefes de campaña” de uno u otro líder político, los que por momentos no se sabía si estaban enfrentados en una contienda electoral o en una cuasi guerra civil.

Quien iba a pensar, hace tan solo unos cinco meses en un Perú pujante, con cifras que asombraban a nivel regional e internacional, que se percibía en el optimismo de la gente, en la cara de sus ciudades y de sus habitantes cuando se lanzaron once candidatos a pujar por la presidencia, que iba a derivar en semejante batalla.

Es cierto que los resultados sorprendieron. Con una opinión pública mayoritariamente “continuista”, pasaron a la final la hija del dictador preso por violador de los derechos humanos Alberto Fujimori y un nacionalista izquierdista amigo y protegido de Hugo Chávez. Y quizás no sería para tanto, pero como que la mayoría y teóricamente el centro se quedo sin candidato.

En las ocho semanas que mediaron entre la primera vuelta electoral y el domingo pasado se desataron las pasiones. La prensa más que informar tomó partido y lejos de dar los elementos que necesitaban los peruanos sobre lo que podían hacer como presidentes Keiko u Ollanta, se dedicaron a hurgar sobre sus peores antecedentes; los propios y los de sus padres, esposa y esposo, hermanos, amigos, allegados, sobre muchos de los cuales quizás nada o muy poco tenían que ver. Mucho pasado y poco futuro, que es lo que finalmente importa y cuenta.

Los candidatos en consecuencia, dedicaron la mayor parte de su tiempo a actos de arrepentimiento, a renegar de amigos y familiares, a jurar y prometer a diestra y siniestra y ante tirios y troyanos que no harán tal o cual cosa, más que a exponer sus planes y a presentar sus equipos mas o menos completo de gobierno.

Mientras tanto al nuevo presidente le espera un país muy rico, en inmejorables condiciones, con reservas y crédito envidiables que haría las delicias de cualquier demagogo irresponsable y barato.

Un “aprendiz de Chávez” quicos contaría con recursos más que suficiente para la compra de apoyo electoral transitorio y traducirlo en continuidad, por ejemplo. Ese es el temor de muchos dado algún antecedente de uno y otro de los candidatos.

Otros más optimistas tienen fe y confían que ocurra algo parecido con lo que pasó con un presidente que en su primera vez fue en desastre, pero al que le dieron una segunda chance y que según los números que deja no lo hizo tan mal. Un tal, Alan García.

Ahora, es confiar y esperar qué hará y cómo gobernará Ollanta Humala en Perú.

 

El autor es periodista uruguayo, director del semanario Búsqueda

 

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