“El mayor castigo para quienes no se interesan por la política es que serán gobernados por gente que si se interesa”.
(Arnold J. Toynbee, historiador inglés)
Si Rafaela Herrera no hubiera disparado los cañonazos, Andrés Castro lanzado la piedra, Emmanuel Mongalo quemado la fortaleza, Pedro Joaquín Chamorro Cardenal defendido la libertad de expresión y engendrado la revolución y contrarrevolución; no gozaríamos del voto democrático, eligiendo autoridades que conduzcan nuestro país hacia el desarrollo.
Si un ciudadano dirige el país siendo elegido por una minoría, o lo que es peor, ser ayudado por un fraude, ¿de qué valió el cañonazo, la piedra, la quema, la libertad de expresión ganada y los muertos que arrojaron las guerras? No aceptemos que las elecciones tienen dueño y mostremos un interés en las propuestas de los partidos políticos, formemos conciencia de que en las urnas haremos que nos escuchen.
El artículo 17 de la Constitución establece que “el voto activo es irrenunciable y obligatorio para todos los nicaragüenses”. El gozar de este derecho sin ningún tipo de excepción no siempre fue así, posterior a la emancipación continuamos reprimidos. En un inicio solamente la clase pudiente ejercía el voto y se excluían mujeres, analfabetos, personas pobres y esclavos. La revolución de Zelaya trajo consigo el derecho para los varones, pero se ha comprobado que nunca hubo un sufragio libre, una verdad electoral sino una comedia de votaciones resultando en una imposición de gobierno. Somoza—García eliminó el sufragio en 1941 y reformó la Constitución para ampliar su tiempo en el gobierno y fue en 1955 que la mujer obtuvo el voto, pero “ellas” tenían que ser miembros del partido de gobierno cayendo de esta forma en la famosa dictadura somocista.
Hoy nacemos con el derecho, sin embargo, existen otras limitantes que brotan de lo profundo de nuestro ser, esas coerciones interiores que nos hacen apáticos, un desencanto en el ambiente resultado de violaciones constitucionales, falta de confiabilidad en el Consejo Supremo Electoral (CSE) y una desconfianza hacia los partidos políticos asegurándonos que nuestro voto será salvaguardado. Nicaragua tan cerca de unas elecciones democráticas a pesar de que lleva un candidato ilegal a presidente, como de unas elecciones fraudulentas si no hay una participación total de la ciudadanía. Es verdad que en la situación política y social inestable donde se pisotea el estado de derecho, se disminuye la fe a las propuestas impulsadas por los partidos políticos, pero el camino a seguir no es la indiferencia. Elegir un presidente de la República es trazar el futuro del país asegurando un desarrollo económico, calidad en la educación, asegurar al adulto mayor un retiro digno y reducir la migración de jóvenes.
Algunos países implementan el voto obligatorio, incluso con penalidades monetarias, esto no asegura el abstencionismo, los nicaragüenses debemos enfrentar el reto sin ningún tipo de represalia, podemos ser analfabetos en cosas extravagantes como la moda, degustación de vinos, obras de arte, pero no somos analfabetos políticos ya que nos une el amor a Nicaragua. Marquemos la diferencia y demostremos que todos tenemos un Güegüense, que no solamente bailó en 1990, sino que lo que hará cuantas veces sea necesario y no dejaremos que se instaure una dictadura de ninguna tendencia, nuestro voto será la piedra, el cañón, el fuego, el fusil, la pluma de nuestros antepasados.
Como dice un refrán español: “Un grano no hace un granero, pero ayuda al compañero”. Si el porcentaje de ciudadanos que practican el sufragio este año es mayor, menor será el riesgo de repetir lo sucedido en las elecciones del 2006, surgió para demostrar el descontento y la no identidad con partidos políticos, pero nadie debe enorgullecerse de no cumplir con su deber. El abstencionismo es el principal detonante para el fraude, expresémonos pacífica y democráticamente y para ello tenemos cinco meses haciendo conciencia entre amigos y vecinos. No formemos parte de ese bloque que no sabe por quién votar, no le demos la espalda a esas gestas históricas, a nuestros héroes y mártires, no sigamos escribiendo historia con sangre. ¡Hagámoslo por medio del voto!
La autora es consultora turística
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