Mauricio Peralta Mayorga

Luchando contra el hambre en el mundo

Puede parecer inconcebible que personas que no tienen acceso a los alimentos sí tengan teléfonos celulares. Esta situación ha sido aprovechada por organismos de ayuda alimentaria como el Programa Mundial de Alimentos (PMA) en el 2009, cuando puso en marcha una iniciativa piloto para repartir bonos de comida a través de teléfonos celulares a refugiados en Damasco. El organismo en un inicio, se centró en 1000 familias de refugiados que recibían un bono de 22 dólares cada dos meses para cambiarlo por arroz, trigo, garbanzos y otros productos en determinadas tiendas.

Lo sorprendente, según el PMA era que muchas de estas familias que carecían de comida suficiente (casi 130,000 refugiados), sí tenían teléfonos celulares. El programa fue un éxito, y a finales de 2010 se extendió a miles de refugiados más que vivían fuera de Damasco. Es así como África, el continente más pobre del mundo en donde actualmente hay más de 379 millones de usuarios de teléfonos celulares, se ha convertido en unas de las zonas más atractivas para las empresas del sector.

El orbe se está preparando de diversas maneras ante la escalada de precios de los alimentos. China Continental tiene reservas “estratégicas”, actualmente de 446 millones de cerdos (uno por cada tres chinos), y muy pronto, ciertos insectos constituirán la “carne blanca” que alimentará a la humanidad.

A 400 km al norte de Noruega, en un remoto archipiélago llamado Svalbard se ha construido un bunker dentro de una montaña para proteger la futura reserva mundial de alimentos en caso de una catástrofe. La Bóveda de Semillas Mundiales de Svalbard fue inaugurada oficialmente en 2008 y está construida a 142 metros bajo la superficie de la montaña. El almacén ha costado U$$ 6,7 millones de dólares y “albergará” 4,5 millones de muestras congeladas de semillas procedentes de más de 100 países.

“Dedos de chocolate” es como se le conoce al inversionista británico Anthony Ward, compró en el 2010 más de 240,000 toneladas de cacao, cantidad suficiente para fabricar 5,000 millones de tabletas de chocolate (7% de la producción mundial), con lo que aumentó el precio del cacao en un 150 por ciento desde el 2009. Este aumento de precios también tiene su explicación en los recientes problemas políticos de Costa de Marfil, que cultiva alrededor del 40 por ciento del cacao a nivel mundial. A pesar de todo esto el chocolate parece ser un producto “anti cíclico”, dado que los beneficios de la empresa Hershey crecieron un 40 por ciento en el 2009.

Comer insectos ha surgido como una opción propuesta por la Organización de Naciones Unidas para los Alimentos y la Agricultura (FAO), ante la generación de gases de efecto invernadero que genera la cría de ganado necesario para alimentar al mundo. Una dieta a base de insectos es rica en proteínas, vitaminas y minerales y la cría de langostas, grillos y lombrices por ejemplo, genera la décima parte de metano que la cría de ganado vacuno, según estudios científicos llevados a cabo por esta Organización. Si pensamos que comer insectos es novedoso, estamos equivocados. Actualmente se consumen más de 1000 variedades de insectos en el 80 por ciento de los países del mundo, todavía con poca receptividad en el hemisferio occidental.

Otra alternativa alimenticia que está de moda recientemente en supermercados y tiendas de alimentos orgánicos del mundo desarrollado es la quinoa, un cereal andino que es rico en minerales, proteínas y aminoácidos, la FAO sostiene que puede llegar a sustituir hasta a la leche materna.

La quínoa entró en el mercado norteamericano hace 30 años, pero su “boom” se ha producido a partir del año 2000, multiplicando su precio en casi siete veces. Es una buena noticia para los agricultores bolivianos que producen la mayor parte del total de la oferta mundial del producto pero, esta siendo una mala noticia para sus habitantes, ya que ahora que se exporta el 90 por ciento de su cosecha, por ende los bolivianos ya no la compran con la facilidad de antes. El consumo nacional del cereal ha disminuido en un 34 por ciento en los últimos cinco años y las autoridades sanitarias temen que haya un aumento de la obesidad a medida que los bolivianos abandonan este alimento nutritivo (que consumen desde la época de los incas), y lo sustituyan por arroz o pan blanco.

El autor es catedrático de la Universidad Thomas More.

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