Política
“Es muy difícil hacer compatibles la po- lítica y la moral”.
Sir Francis Bacon (1561-1626); filósofo y estadista británico.
Políticos mercenarios
Todos los días leemos en los periódicos y vemos en los noticieros televisivos como andan nuestros políticos, golpeando puertas, mendigando la diputación. Tal vez quieren seguir siendo diputados para no perder la inmunidad y enfrentar acusaciones futuras por supuestos delitos que hayan cometidos.
Los dirigentes políticos deben desconfiar de estos pícaros, porque no tienen moral, mucho menos amor patrio, que es el distintivo selecto de un político honesto. Una vez electos diputados buscan como formar “su bancadita”, para sacarle el máximo provecho a su sucio voto.
Da vergüenza ver como en estos últimos años estos mercenarios de la política nicaragüense la han explotado, enriqueciéndose a cambio de traiciones y servilismo, saliendo de las cuarterías en que vivían, para hoy vivir en mansiones de zonas residenciales rodeados de boato, despilfarrando su jugoso sueldo en orgías y placeres que nunca soñaron.
Ahora es el momento que los grandes electores: Ortega, Alemán, Gadea, Montealegre y Quiñónez se deshagan de este lastre, tirándolo por la borda para siempre y no sigan usufructuando el Presupuesto Nacional. Nicaragua tiene una cantera de hombres ilustres, honestos, respetados por el pueblo, con crédito económico y moral, en quien deben poner sus ojos los electores de las listas de diputados para borrarlos de un solo plumazo para siempre, cambiando la paz política de Nicaragua, tan criticada. Lo ideal sería prohibir la reelección de los cargos de elección popular y si un diputado traiciona a su partido, ser destituido ipso facto. Solo así seríamos gobernados por hombres ilustres como los senadores de la antigua Roma, que la llevaron a la grandeza.
Durante los 30 años conservadores, los diputados eran escogidos por el Consejo de notables y el candidato a la presidencia porque con ellos iba a gobernar. Los diputados liberales eran escogidos por la Gran Convención Liberal y el Presidente del Partido, en esta forma se escogían a intelectuales, juristas, hombres de negocios, profesionales, hacendados, todos políticos honestos, de prestigio nacional, que daba gusto oírlos en sus debates parlamentarios que eran filigranas de oratoria, no ahora que son burdas alharacas de dime que te diré que dan pena oírlos, careciendo de cultura. Los antiguos diputados eran personas dignas, respetados y queridas por el pueblo, a los cuales deberíamos imitar.
Mario Sandoval Aranda
Esperanza democrática
El hecho es que cuando la clase política y los políticos de nuestro país se expresan con intereses individuales, se olvidan del aprendizaje y atención cívica nacional y de redefinición del desarrollo integral de la democracia, atendiendo intereses que no convienen al desarrollo de nuestro país. Claro, pueden aprender y “madurar políticamente”, pero con voluntad y conciencia de patria.
La política ciudadana civil democrática y otras es un extraordinario antídoto contra el problema que levanta una cerca para limitar su propio bien, entonces, la política democrática y la democracia como estructura científica pueden tumbarla cuando está siendo infectada por lo que sucede al otro lado de la cerca.
Lógicamente se expande el universo de la democracia y debe trascender a las perspectivas parroquiales, pero la clase política actual y el gobierno que esté de turno, asociaciones civiles políticas y democráticas, abiertamente deberían deliberar y actuar sobre lo que existe de democracia actualmente en nuestro país para irla sacando a flote, del ostracismo y entregársela al pueblo que es donde radica el verdadero poder y la sabiduría.
Nos ilustra Jaime Balmes, en su obra El criterio: “Es un error el figurarse que los grandes pensamientos son hijos del discurso; éste, bien empleado, sirve algún tanto para enseñar, pero poco para inventar”. (pág. 114. Ediciones Universal-Bogotá) Evidentemente nunca se ha pensado que la deliberación es el único ingrediente para la política democrática, pero es una notable condición necesaria, más no suficiente para obtener resultados deseados.
Por tanto, el poder de la posibilidad democrática no hay que obviarlo, y la política con la fuerza de muchos es la sensación de una excelente posibilidad de cambio que certeramente surge de la unidad de la práctica política democrática ciudadana. Entonces, la esperanza que no sea transformada en una isla. La democracia debe ser asistida constantemente y no solo ser explotada. La atomización y las discrepancias en todo cuerpo político es real cuando hay solapados obstruyendo.
El pensamiento político democrático para el siglo XXI no es un vuelo fantástico, se trata de hacer, elaborar un arquetipo que encaje conforme nuestra realidad, que articule donde toda la ciudadanía se comprometan, empeñen en encontrar soluciones conjuntamente con los partidos políticos, gobierno y asociaciones civiles políticas y democráticas.
El trabajo tiene que ser de conjunto, novedoso, si se repite de lo mismo se va al fracaso. La gente quiere un estímulo nuevo político que inyecte esperanza democrática y de bienestar aún más. Todo lo que se hace en unidad triunfa y Nicaragua quiere triunfos, no fracasos.
Bayardo Quinto Núñez
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