Por Esperanza Castillo
“ …nada es tan peligroso como dejar permanecer largo tiempo en el poder a un mismo ciudadano. El pueblo se acostumbra a obedecerle y él se acostumbra a mandarlo, de donde se origina la usurpación y la tiranía”.
(Simón Bolívar, Congreso de Angostura, 1819)
La ambición del presidente Ortega de participar en las próximas elecciones de noviembre nos muestra la codicia de perpetuarse indefinidamente en el poder. El solo hecho de querer reelegirse aun en completo conocimiento del Artículo 147 de la Constitución de Nicaragua, el que nos dice “No podrá ser candidato a Presidente ni Vicepresidente de la República aquella persona que la hubiere ejercido por dos períodos presidenciales”, es suficiente razón para no aceptarlo como candidato legítimo.
El abrirle paso a esta nueva inclinación de la reelección indefinida el despotismo del mandatario en turno está a flor de piel. Al tener el completo control de los medios para financiar su elección los ciudadanos votan pero no llegan a cumplir su derecho a elegir quien los gobernará. Con la excepción de Cuba en todo el continente americano la reelección indefinida no existe. El concepto de legalizar la reelección indefinida está sostenida por gobiernos dictatoriales; los mismos tienen un gran detrimento en su democracia así que la encontramos en países no democráticos.
Vemos cómo la historia nos ha mostrado que ningún país sale adelante siendo antidemocrático y que la democracia sirve para que la gente disfrute de libertades y derechos establecidos en la Constitución de cada país. La revolución francesa en 1789 fue un suceso determinante para la democracia liberal y que sirvió de pauta para muchos países que querían independizarse y escribir su propia historia. A su vez la revolución francesa fue impulsada por la independencia de las colonias inglesas en América del norte encabezada por Benjamín Franklin y George Washington.
Los Estados Unidos aprueba la reelección inmediata pero el pueblo sigue muy de cerca las promesas propuestas en su primer contienda electoral y en base a eso le otorga la segunda presidencia. Ahora, si bien es cierto que aprueba la reelección inmediata en su enmienda 22 limita las veces que puede ser electo a solo dos veces ya sean consecutivas o no. Esta enmienda surgió luego que el presidente Franklin D. Roosevelt sirviera más de dos periodos; el partido republicano presentó la enmienda para prevenir la creación de poderes dictatoriales. Mucho podemos aprender de las modificaciones constitucionales de nuestro país vecino, quien ha logrado modificar para dar pie al avance y no al retroceso.
Vemos que los países que han entendido la importancia de la no reelección indefinida han avanzado en su proceso económico tal es el caso de Brasil y Chile, por mencionar dos de América Latina donde su base democrática está de la mano con el desarrollo económico y el fiel cumplimiento a la ley que rige esta materia. En Nicaragua donde las bases de la democracia están tan maltratadas y frágiles hace que nuestro mandatario de turno quiera más poder y no entiende la necesidad del relevo generacional y el desprenderse voluntariamente. La reelección indefinida solo nos empuja a períodos gubernamentales largos como lo fueron los de los Somoza, Pinochet, Trujillo o el de Fidel Castro.
Para que nuestra Nicaragua surja económicamente los actores políticos deben de apegarse a las leyes. Si el actual gobierno del FSLN está haciendo bien las cosas, el pueblo los va a elegir pero a la cabeza de otro líder del mismo partido. ¿Es que acaso solo existe un líder que pueda conducir un país? esto es un grave error que ya se ha visto y tiene consecuencias gravísimas que inclinan al pueblo a la desgracia y al atraso. En su sed de poder un pequeño grupo desea que el pueblo tenga un sentimiento de adoración hacia su líder y este a su vez hace lo posible e imposible para mantenerse en el poder y de ahí surge la usurpación y la tiranía que han combatido los héroes del mundo. Dios salve a nuestra Nicaragua, pues la oposición no entiende lo que se escribió con sangre, ya que ellos le ponen precio, pero ese es otro capítulo.
La autora es consultora turística.
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