En los últimos días LA PRENSA ha publicado informaciones sobre la sórdida lucha por el poder dentro del círculo de hierro que rodea a la pareja presidencial, Daniel Ortega y Rosario Murillo. Dichas informaciones no se han podido verificar oficialmente, porque en un gobierno como el que manda actualmente en Nicaragua no se comentan situaciones como esta, pero las fuentes dan fe de su plena veracidad.
La información se refiere en particular a pugnas entre los grupos de Lenín Cerna y Néstor Moncada Lau, poderosos funcionarios del FSLN que tienen en su historial haber sido, el primero, jefe de la Dirección General de Seguridad del Estado (DGSE) de la dictadura sandinista de los años ochenta, y el segundo, antiguo miembro de primera línea de la misma estructura represiva que dejara tan ingratos recuerdos.
La sórdida lucha por el poder y su solución mediante el procedimiento de las purgas, es una de las principales características de todos los regímenes de índole totalitaria. En realidad, son fácilmente identificables los rasgos comunes a todos los regímenes autoritarios y totalitarios en sus diversos grados y manifestaciones. Podemos enumerar, entre otros, la prepotencia gubernamental; la utilización del Poder Judicial como instrumento de represión política, corrupción y legalización del enriquecimiento ilícito y ventajista; la falsificación de información estadística para presentar un desarrollo económico y logros sociales que realmente no existen o son abultados caprichosamente; la liquidación o el estrangulamiento económico y el amedrentamiento político y judicial de la prensa independiente; el avasallamiento de los organismos de masas afines al poder; el desmesurado culto a la personalidad del líder o caudillo que es presentado como un ser omnipresente y omnipotente; la sumisión de los ciudadanos, por las buenas o por las malas, a las disposiciones dictatoriales y arbitrarias del poder; los abusos policiales contra la ciudadanía; la utilización de los organismos económicos del Estado —como por ejemplo los tributarios y aduaneros— para enriquecer a la camarilla gobernante y castigar a la empresa privada independiente; el clientelismo para obtener la lealtad de los sectores de la población más empobrecidos y atrasados; la concentración de medios oficialistas para ensalzar al gobernante y hostigar a los disidentes, críticos y opositores; la estructuración de un aparato de espionaje legal o clandestino; el sometimiento de todas las instituciones del Estado al poder central personalizado; el soborno de personas y grupos políticos para simular un pluralismo que no existe o no se respeta; la alianza o alineamiento internacional con otros regímenes autoritarios o totalitarios y la permanente búsqueda de conflictos extranjeros con países que tienen gobiernos democráticos.
En ese listado no podemos dejar de mencionar la existencia de un partido hegemónico con disciplina de hierro, que ejecuta incondicionalmente la voluntad del gobernante, que no admite la deliberación, mucho menos la disidencia, y que resuelve sus contradicciones internas y pugnas de poder por medio de las purgas. Eso es lo que ocurre en todos los países que son o han sido dominados por el totalitarismo o el autoritarismo, y Nicaragua no puede ser la excepción.
El caso más dramático y sangriento en la historia del sistema político de las purgas, aparte del nazismo en la Alemania de los años treinta y cuarenta del siglo pasado, ha sido sin duda el de la antigua y extinta Unión Soviética, donde causó millones de muertos comenzando por destacados dirigentes del partido comunista bolchevique desde la época del zarismo, como Lev Kámenev, Grigori Zinoviev, Nikolái Bujarin, León Trotzki y muchos otros más.
En Cuba ocurrieron las denominadas “purgas de Fidel”, durante las cuales rodaron cabezas de comunistas históricos como Aníbal Escalante, la del primer presidente de Cuba después de la revolución, Manuel Urrutia, de comandantes de la lucha guerrillera contra la dictadura de Fulgencio Batista, como Huber Matos, de generales de las “guerras internacionalistas” del comunismo cubano como Arnaldo Ochoa, y de altos funcionarios del gobierno como los hermanos Antonio y Patricio de la Guardia. Y bajo el régimen de Raúl Castro han seguido cayendo las víctimas de las purgas, como Carlos Lage, Roberto Robaina, Anibal Prieto, etc.
Las contradicciones políticas y la lucha por el poder existen en todos los partidos, hasta en los más democráticos. Pero estos las solventan de manera pública y utilizando métodos igualmente democráticos, mientras que los partidos totalitarios lo hacen por medio de las purgas y hasta de la eliminación física, cuando así lo estiman necesario para conservar y consolidar el poder.
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