La fe
«La fe es el conocimiento de la bene- volencia de Dios hacia nosotros, y cierto convencimiento de su veracidad».
Juan Calvino (1509-1564), teólogo francés
Beato Juan Pablo II
Recuerdo de nuestra beata Sor María Romero. Deseo expresar mis felicitaciones al Diario LA PRENSA por la excelente cobertura otorgada a la Beatificación del querido Juan Pablo II quien ha merecido subir a la antesala de la canonización seis años después de su deceso, debido a un milagro comprobado en la religiosa francesa Sor María-Simón Pierre y especialmente a su prestigiosa fama de santo en vida después de otorgarle a la comunidad católica mundial un mensaje de esperanza, fe y humildad para pedir perdón por errores de la Iglesia católica.
Los nicaragüenses no olvidamos las dos visitas de Su Santidad a nuestro país, en 1983 y 1996 dos momentos distintos y difíciles de nuestra historia reciente. Los católicos nicaragüenses tampoco podemos ni debemos echar al olvido cuando este Papa grande beatificó en el año 2002 a la primera nicaragüense en obtener ese alto grado, la hoy beata Sor María Romero (Nicaragua 1913-1977), otra bendición para Nicaragua. Ese día de tan grata memoria 14 de abril, celebramos una fiesta del corazón, una gozosa y extraordinaria emoción al ver que una religiosa nacida y fallecida aquí había sido reconocida por sus obras de amor y misericordia hacia los necesitados centroamericanos, su carisma de ayudar a los desposeídos no solamente en Costa Rica donde permaneció cuarenta años por obediencia a su congregación Hijas de María Auxiliadora. También otorgó ayuda material y espiritual a sus compatriotas, quienes la visitaban en busca de consuelo y obtenían favores, ayuda y hasta milagros. Ella fue una verdadera madre para nosotros, como consta en distintos testimonios publicados en libros aprobados eclesiásticamente. Vale la pena mencionar un testimonio de la misma Sor María donde revela que la Capilla de la Virgen realizada por ella en San José fue construida estrictamente con limosnas nicaragüenses. Por motivo de espacio es imposible mencionar toda su devoción y generosidad por Nicaragua, sus habitantes y los desposeídos centroamericanos y del Caribe porque la pobreza existe allá, aquí, en todas partes. Es una satisfacción constatar que la obra de nuestra Beata continúa en Costa Rica y Nicaragua donde existen más de cinco recintos para los necesitados, de manera que a través de ella el beato Juan Pablo II, «El Grande» continúa bendiciéndonos. Gracias Juan Pablo II.
En el Día de la Misericordia: Pon tu mano Madre Mía…
Mercedes Gordillo
Escritora nicaragüense
La muerte de Bin Laden
A mi juicio, Osama Bin Laden siempre fue la justificación de los norteamericanos para invadir Irak y Afganistán; con ese pretexto muchos se hicieron multimillonarios con la compra y venta de armamento. Así como le adjudican a Bin Laden la muerte de miles de personas a causa de atentados terroristas, igual la OTAN y los EE. UU., mataron miles de personas a causa de los bombardeos. Pero ahora que ya está muerto, cuál es el pretexto de continuar la guerra. Ya la excusa los norteamericanos la tenían adelantada con el ataque a Libia.
Pero están las siguientes interrogantes: Si el comando militar que mató a Bin Laden era súper especial, ¿por qué lo mataron si estaba enfermo y desarmado, igual mataron a dos mujeres? ¿Cómo esos dos helicópteros cruzaron todo el país de Pakistán sin ser detectados? Pudieron esos helicópteros ir y regresar sin echar combustible, si llevaban tropas y viajaron unos mil kilómetros, si esas naves tienen una autonomía de vuelo de 500 a 600 kilómetros.
¿Cómo es que Bin Laden vivía en una ciudad militarizada y a escasas seis cuadras de una base militar pronorteamericana?
Dicen los estrategas norteamericanos que lanzaron a Bin Laden al mar porque ese es un ritual de los musulmanes, siendo esto una gran mentira, porque los cristianos y musulmanes son los únicos que entierran a sus muertos, porque esperan la resurrección. Y si fuera cierto que los musulmanes lanzan sus muertos al mar; ¿cómo hacen los países musulmanes que no tienen mar? Tal es el caso de Afganistán, Kirguistán, Turkemenistán y otros más.
Héctor Danilo Montenegro Escoto
Ocotal, Nueva Segovia
Quien a hierro mata…
Esa máxima, «quien a hierro mata a hierro muere» no siempre es exacta, hay muchos que han vivido su vida dedicada a exterminar a sus mismos ciudadanos, como por ejemplo; Fidel y su hermano Raúl Castro, en Cuba.
En Nicaragua, Daniel Ortega y su hermano más sus camaradas llevan centenares de muertos, muchos asesinados fríamente como es el caso del dirigente de la Contra, Enrique Bermúdez, Arges Sequeira, Jorge Salazar, Pablo Emilio Salazar, Jean Paul Genie, el periodista Carlos Guadamuz, entre muchos otros. Asimismo algunos que por su causa cometieron suicidio como, el tricampeón del boxeo, Alexis Argüello.
No solamente apretando el gatillo de una arma se asesina, hay otras formas de enviar a la muerte a las personas, el caso de las dos guerras que el mismo Ortega y sus generales obligaron a la juventud a inmolarse en una lucha que no era de ellos, en donde murieron miles de nicaragüenses de uno y otro lado.
Lo mismo ha sucedido en Cuba, donde además de los asesinados por el régimen castrista, miles han muerto en el mar huyendo de la represión.
Y casi todas estas muertes han sido por mantenerse en el poder o por el odio.
Roberto Amador N.
Discurso presidencial
Cada día me sorprendo más con las cosas que dice el señor presidente, en especial con el discurso del pasado 29 de abril del año en curso. Primero, la comparación sin sentido que hizo acerca de la boda real ocurrida en Inglaterra. Para los ingleses fue un evento único; llegaron y estuvieron ahí por voluntad propia, gozosos, ilusionados y emocionados, por un acontecimiento histórico para ellos.
En esta Nicaragua avasallada, humillada y violentada en todos sus derechos por el señor presidente y sus servidores, las personas que acudieron a la «celebración del Día Internacional de los Trabajadores» son trabajadores del Estado que tienen que asistir obligadamente porque de lo contrario pierden su trabajo, único modo de mantener honradamente a su familia. Otros son jóvenes, en su mayoría desempleados, que por unos centavos, licor y comida no dudan en asistir y de esta manera «alivianarse un poco», como dicen ellos.
Si tenemos que comparar, ¿por qué comparar con Inglaterra si es Nicaragua la que nos interesa? Mejor saque cuentas, señor presidente, y nos dice cuánto se pudiera haber hecho, cuánta comida o cuánta medicina para el pueblo se dejó de comprar con el dinero que, por arte de magia, desapareció del Consejo Supremo Electoral (CSE), de la Dirección General de Ingresos (DGI), de la Alcaldía de Managua (Alma), de la Empresa de Acueductos y Alcantarillados, etc. Eso sí sería de provecho para este pueblo en vez de mostrar sus resentimientos sociales. «Antes de ver la basura en el ojo ajeno, miremos la viga que tenemos en el nuestro».
Lo otro que el señor presidente dijo y que no entiendo qué pretendía con ello, fue: «¿quién construyó estos edificios, estos centros comerciales?», y él mismo respondía: «¡el pueblo!» Sí, los construyó el pueblo pero por un salario que devengaron dignamente para llevar el sustento a su casa. Luego vociferó: «y estas calles, ¿de quién son?… «de los que venden agua helada», contestó él de nuevo. Lo que no dijo es que los venden agua helada están ahí por la necesidad y el hambre, obligados a soportar el inclemente sol para llevar el sustento a sus familias porque su gobierno no ha sido capaz de ofrecerles un trabajo digno.
Lo que el señor presidente ignora es la impotencia que sufren las personas que, como yo, tenemos que ganarnos la vida trabajando honradamente ya sea manejando un vehículo o tomando uno de uso público para trasladarnos a nuestros trabajos, lo que tenemos que sufrir cuando a él se le ocurre cerrar las vías de su «finca», porque eso es lo que parece Managua, una finca de su propiedad al no tomar en cuenta las necesidades y opiniones de todos los que habitamos en ella y de una forma u otra, nos vemos perjudicados por actos irracionales como esos. No colme la paciencia de este pueblo. El señor Presidente mejor que nadie sabe cómo actúa un pueblo al que se le colma la paciencia. Todo tiene un límite. «No hay mal que dure cien años, ni pueblo que lo resista».
Rosibel Herrera