Por una corazonada, doña Digna Chávez encontró en la acupuntura una alternativa económica para tratar los males que la aquejan desde hace varios años.
Con 63 años encima y su inseparable andarivel que le ayuda a movilizarse a todos lados, Chávez acudió este martes a su cita semanal en la clínica de acupuntura que está funciona en el centro de salud Francisco Buitrago, ubicado al sureste de Managua.
Como de costumbre, la señora llevó consigo sus dos paquetes de agujas, cuyo valor no superan los 50 córdobas, para que los médicos se las colocaran en algunas partes de sus cuerpos para que le curen “su problema con los riñones, diabetes y sobrepeso”.
¿Qué si funciona? Chávez dice que sí, y que ahora ya no toma tantos medicamentos como solía hacerlo antes.
Esta es una de las muchas historias que a diario se concretan en la sala de acupuntura de este centro de salud.
ROMPIENDO MIEDO A LOS PINCHAZOS
Hace unos tres años no era así. La gente todavía sigue temiéndole a las agujas.
“La gente tenía miedo porque veían las agujas e inmediatamente la asociaban con que podían contagiarse con el VIH, pero les explicamos que estas agujas no son iguales a las que se utilizan para poner inyecciones, que son huecas y se filtra sangre”, explicó Ivonne Hernández, una de las tres personas encargadas de atender a la población.
Según Hernández, una vez que la gente tomó valor y optó por experimentar con la acupuntura, empezó a notar los cambios y hacerle propaganda a la clínica. Y es precisamente de esa propaganda que hizo a Chávez probar.
Según la funcionaria, la mayoría de los pacientes son ancianos que se cansaron de tomar pastillas todo el día, las que acabaron provocándoles otros achaques como gastritis e infección en los riñones.
Aunque en menor proporción, también llegan jóvenes, pero estos lo hacen cuando se ven afectados por una parálisis facial o quieren bajar de peso.
Por la atención la gente no paga ni un peso. Esto se debe a la firma de un convenio del Minsa y el Instituto de Estudios Superiores de Medicina Oriental Japón-Nicaragua (IESMO-JN), que procura prácticas para sus estudiantes.
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