Sentimientos encontrados. Cambios positivos y negativos en sus vidas es lo que sienten algunas de las 100 familias que fueron reubicadas en Ciudad Sandino y que hasta hace tres semanas vivieron en tres antiguos edificios de la vieja Managua.
- Ante la falta de empleos algunas personas como Carolina Gutiérrez, de 48 años, han empezado a recoger desechos plásticos por las calles de Ciudad Sandino como un medio de subsistencia.
En Managua esta semana fueron demolidos los viejos edificios que se arruinaron tras el terremoto de 1972. En ellos vivieron durante décadas varias familias que aprovecharon su cercanía con el creciente mercado Oriental, donde trabajaba la mayoría de estos pobladores.
La demolición levantó tanto polvo que los vecinos de la zona estuvieron incómodos con estas obras que han sido vigiladas por el Sinapred (Sistema Nacional de Prevención y Atención a Desastres).
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José Daniel Aguilera, quien por más de 20 años habitó en un pequeño cuarto de un edificio en ruinas, admite que el traslado a su nueva vivienda ha sido como una bendición, sin embargo reconoce que dejó su trabajo de lavacarros en la capital por la falta de pasajes para viajar a Managua.
Lo más difícil, según Aguilera, es conseguir empleo en un municipio donde no existen fuentes de empleo y cuya principal actividad económica es el comercio. “Todo está saturado. En el mercado que hay no hay trabajo como cargadores. Mi trabajo de lavacarros no da mucho aquí y yo no tengo recursos para poner mi propio negocio”, dijo.
Patricia del Socorro Díaz Castro, quien habitó una veintena de años en los escombros de la vieja Managua, comenta que la difícil situación económica de su familia ha empeorado en las últimas semanas debido a que antes laboraba lavando y planchando ropa ajena en un sector aledaño a su antigua vivienda.
“Estoy sin trabajo ahorita. Aquí nadie nos conoce y no tengo donde ir a trabajar. Sólo mi marido está trabajando. Debe viajar todos los días al mercado Oriental y regresa noche. Eso me da miedo porque la parada está lejísimos de aquí”, manifestó.
Otro de los problemas a los que están enfrentándose la mayoría de esas familias es a la falta de espacio de las viviendas, por lo cual han construido anexos de madera y plástico como en el caso de la familia de Isabel Díaz conformada por siete miembros.
“Las cosas no alcanzan en la casa. La sala, los cuartos todo está saturado. Hicimos un cuartito, pero con la lluvia de hace unos días todo se nos mojó y perdimos varias cosas”, añadió.
Al menos unas 15 familias han puesto pulperías en su nueva comunidad, ya que las más cercanas están situadas a casi un kilómetro de distancia al igual que la parada de buses intermunicipales.
MEJOR AQUÍ QUE DONDE ESTABAN
Pese a esta situación, Denis Antonio Olivares, quien tiene ya instalada una pulpería en su vivienda, dice que el cambio fue del cielo a la tierra ya que es un lugar más seguro y limpio porque el camión recolector de basura pasa dos veces a la semana.
“Las condiciones en las que vivíamos antes eran paupérrimas. A pesar de todas las incomodidades que podamos pasar, aquí estamos mucho mejor. Los muchachos van a colegios cercanos y lo que se necesita es buscar como trabajar”, detalló Olivares.
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