Con tan solo 11 años de edad José Danilo Nicaragua empezó a trabajar con bambú. Su padre elaboraba canastos para venderlos en mercados, cuenta; él lo acompañaba en las faenas y poco a poco fue aprendiendo el oficio, hasta que lo convirtió en el modo de sobrevivencia para él y su familia.
Después de casi 28 años haciendo canastos de bambú este artesano, de la comarca El Mamón, en Catarina, aprendió que con ese material también puede hacer diversidad de artesanías que le dejan mejores ganancias que los canastos que regularmente vendía a unos 20 córdobas.
“El canasto lo he dejado, porque no me rinde ahorita. El canasto, ahorita, si lo voy a vender para que lo revendan, son varas, 20 pesitos (córdobas)… y con eso no me da ni para comer”, comparte.
Si solo trabajara los canastos, explica, en dos días puede hacer diez, de los cuales obtiene 200 córdobas, a los cuales debe restar cerca de 30 córdobas de transporte para venderlos. “¿Qué me quedan? 170, y con 170 qué hago… Ahorita me ha ido un poquito mejor, me ha ayudado el trabajo de la artesanía y las hamacas”, reflexiona.
Actualmente él y su familia trabajan en la elaboración de papeleras, bolsos, paneras y hamacas de bambú, con los cuales, comenta el artesano, gasta mucho menos material que con los canastos, y gana mucho más.
Una hamaca, por ejemplo, la vende a 800 córdobas, y el resto de productos los ofrece entre 40 y 80 córdobas.
“Anteriormente a veces ni para la comida tenía, ahorita me mantengo, me siento mejor que antes que andaba prestando, fiando…”, recuerda.

MENOS CANSADO
Similar situación pasaba Juan David Bracamontes, artesano del bambú de San Juan de Oriente, quien tuvo que pasar 30 años para aprender nuevas técnicas para trabajar ese material.
- En este proyecto con los artesanos del bambú del Programa Patrimonio para el Desarrollo de los Municipios de Masaya, de la Asociación de Municipios del Departamento de Masaya (Amudemas), la inversión es financiada por la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
25,900 dólares de esos 42,100 son para el mejoramiento de los talleres.
9,700 dólares se han invertido en el proceso de capacitación de 34 artesanos. 6,500 dólares se invirtieron en la dotación de equipos y maquinaria para los artesanos.
80 Ese es el número aproximado de artesanos que trabajan el bambú en Catarina.
Este proyecto, desde el proceso de selección de los artesanos beneficiados, así como la identificación de debilidades de los mismos, se ha realizado en coordinación con las alcaldías de San Juan de Oriente y Catarina.
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“El canasto rústico tiene un precio muy bajo, mientras que el (nuevo) canasto que se aprendió a trabajar vale más”, afirma Bracamontes, quien ahora elabora paneras, cestas, fruteras, sobremesas, bolsos, entre otros.
El artesano relata que con los canastos hasta hace unos meses ganaba entre 300 y 400 córdobas a la semana, pero ahora son entre 800 y 1,000 córdobas semanales, y espera que ese número aumente conforme se vaya conociendo su nuevo trabajo.
“Tengo que hacer 10 canastos para ganarme 200 córdobas, tengo que trabajar todo el día, bien sudado, mientras que un canasto pequeño (decorativo), diferente, bonito, me lleva más trabajo de mi mente, pero poco sudo y la ganancia es mejor”, expresó Bracamontes.
ARTESANOS BENEFICIADOS
Ambos artesanos aprendieron a elaborar esos nuevos productos después de ocho meses de capacitaciones a artesanos de bambú, que organizó el Programa Patrimonio para el Desarrollo de los Municipios de Masaya, de la Asociación de Municipios del Departamento de Masaya (Amudemas), con financiamiento de la Agencia Española de Cooperación Internacional para el Desarrollo (AECID).
Marcela Galán, técnica del programa, explicó que este nació en 2008 con el objetivo de potenciar el patrimonio como fuente de desarrollo.

Uno de los principales objetivos es mejorar la sostenibilidad de las micro y pequeñas empresas tradicionales de Masaya.
En el caso de los artesanos de bambú, cuenta, desde hace ocho meses se realiza un proceso de ocho meses de capacitación en San Juan de Oriente y Catarina, en busca de la diversificación de sus productos, ya que la gran mayoría se limitaba a la elaboración de canastos, pero ahora hacen otro tipo de trabajos, “con nuevos acabados, mejor presentación”, cuenta.
Además del proceso de capacitación, también se ha incidido en la tecnología que utilizan, proporcionándoles sus herramientas básicas a unos 34 artesanos de bambú de los dos municipios, y de ese número se escogió a cinco para construirles sus talleres de trabajo, e incidir así en la cadena productiva.
“Las condiciones (actuales) son bastante precarias. No pueden trabajar de noche porque no tienen luz, no pueden trabajar siempre en invierno porque les cae el agua, o el sol… La idea es mejorarles el espacio que a ellos les permita elevar la producción”, explicó.
Cinthya Reyes, también técnica del programa, dio a conocer que a finales de marzo se inició la reconstrucción de las viviendas-talleres, y se espera que este mes se concluya la intervención de los primeros dos talleres. Posteriormente se iniciará la construcción de los otros tres talleres.
Cuatro de los cinco talleres son en Catarina, y uno en San Juan de Oriente.
Galán explica que el propósito es que mejorando los talleres de los artesanos, se eleve la producción, y por ende el ingreso. Además, dijo, al aumentar la demanda de estos artesanos, podrían emplear a otras personas además del núcleo familiar.

“En el proceso de capacitación fue interesante ver que asistió un porcentaje importante de jóvenes entre 14 y 18 años… muchos de ellos son hijos de artesanos, y los mismos han ido replicando en la familia (los conocimientos)”, agregó.
EL BENEFICIO DE LOS TALLERES
Para los artesanos, la construcción de sus talleres impactará positivamente en sus economías familiares.
“Ahora tengo un techo donde voy a trabajar, antes en el patio… ahora si veo que va a llover, corto las cañas (de bambú), las meto y me pongo a trabajar, antes no podría”, expresa José Danilo Nicaragua, de la comarca El Mamón, en Catarina.
“Cuando llovía tenía que meterme a esperar que pasara el agua, para volver a iniciar el trabajo, ya lodoso, el canasto no quedaba lo mismo, ya ahora no, va a ser diferente… voy a trabajar de seis a ocho, porque voy a tener mi luz eléctrica, no me voy a estar mojando, sin dificultades, puedo trabajar hasta la hora que yo quiero…”, compartió por su parte Juan David Bracamontes, de San Juan de Oriente.
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