En el diario La Prensa, de Panamá, se publicó el pasado martes 19 de abril un artículo que hace referencia a un pequeño libro titulado Indígnense , escrito por el ciudadano francés de origen judío alemán, Stéphane Hessel y prolongado por el afamado escritor español José Luis San Pedro. En realidad se trata de un folleto de apenas 32 páginas pero de un contenido inmenso.
Stéphane Hessel tiene 94 años de edad, pero conserva su vigor físico y su brillantez intelectual. Él es todo un personaje histórico del siglo XX, pues formó parte del equipo de intelectuales que redactaron la Declaración Universal de los Derechos Humanos, proclamada por la Organización de Naciones Unidas (ONU) el 10 de diciembre de 1948.
Hessel fue miembro de la Resistencia, durante la ocupación nazi de Francia en los años de 1940 a 1944. La Gestapo (o sea la policía nazi de seguridad) lo capturó en 1944 y lo envió al campo de concentración de Buchenwald, en Alemania, que funcionó desde julio de 1937 hasta abril de 1945. Por Buchenwald pasaron unos 250 mil prisioneros de Alemania y todas partes de Europa, de los cuales murieron más o menos 56 mil, entre ellos 11 mil judíos, a pesar de que no era un centro de exterminio. Wessel fue condenado a muerte por los nazis, en Buchenwald, pero dos días antes de su ejecución logró escaparse haciéndose pasar por otra persona que había muerto en ese lugar infernal. Hessel se reintegró a la lucha contra los nazis, volvió a ser capturado pero de nuevo se escapó, y después de la liberación de Francia y del fin de la II Guerra Mundial se fue a trabajar en la secretaría general de las Naciones Unidas, habiendo formado parte del equipo internacional que redactó la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
Desde sus tiempos de combatiente contra los nazis, Hessel adoptó como lema personal de vid la frase “solo es hombre quien se compromete”. Precisamente con ese espíritu que ha conservado durante toda su larga vida, es que ahora, a los 94 años de edad, Hessel ha escrito y publicado el pequeño gran libro titulado Indígnense (Indignez vous, en idioma francés), que es un vibrante llamado a la sublevación pacífica contra los abusos, las inequidades y las injusticias de los poderosos.
La convocatoria de Hessel a la indignación está dirigida ante todo a la juventud de su país, Francia, a la que demanda dejar a un lado la indiferencia y la pasividad. “En situaciones como la presente no debe existir espacio para la resignación o la apatía”, reclama Hessel, quien recuerda que la indignación de los franceses de su generación contra la dominación de los nazis encendió la lucha de la Resistencia hasta alcanzar la victoria y animó a los franceses y europeos en general en la reconstrucción material y la construcción institucional de la democracia fundada en la libertad.
El nonagenario pero extraordinariamente lúcido y vigoroso intelectual francés, se pregunta cómo es posible que en las circunstancias precarias de la posguerra se pudiera crear en Francia y en toda Europa Occidental una sociedad no solamente libre, sino también básicamente justa y avanzada; pero ahora, con la abundancia que se dispone se tengan que “tolerar cambios que reducen y tiran por tierra el bienestar obtenido en tiempos mucho más adversos”. Se indigna Hessel porque “Europa está abandonando cobardemente los sólidos principios conseguidos para conciliar la libertad y la igualdad, la economía y una sociedad justa”, reclama que “en esta situación la ciudadanía no debe callar” y denuncia a “la casta política (que) no está a la altura de las necesidades actuales”.
Pero el llamado de Stéphane Hessel a la indignación no es válido solo para Francia y Europa en general. Vale también para países como Nicaragua, donde la gente sufre injusticias, inequidades, arbitrariedades, abusos y agresiones que por su magnitud y gravedad son infinitamente peores que los problemas de los europeos. Y sin embargo, los nicaragüenses, en términos generales se mantienen en una situación de aflictiva y decepcionante indiferencia.
Todos los nicaragüenses deberíamos indignarnos contra los abusos de poder, las violaciones a la Constitución, la corrupción gubernamental, los atropellos a la libertad y los derechos de los ciudadanos, etc. La indignación es condición indispensable para la protesta pública y para que se desarrolle y triunfe la lucha por la libertad, la democracia y la justicia.
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