El presidente ecuatoriano Rafael Correa, quien a través de un plebiscito convocado para el 7 de mayo próximo, se apresta a darle un zarpazo final a las libertades en su país, ha puesto en práctica un sistema ideal para hacerse millonario, que resultará infalible cuando, como él dice le “meta mano a la justicia” y acabe con la prensa “corrupta”, “conspiradora”, “mentirosa”, “amarillista”, “manipuladora” e “irresponsable”.
Mientras tanto, Correa ha comenzado a demandar a periodistas mostrándose muy sensible en cuanto a su honor y una gran avidez por hacerse rico rápidamente. A los dos autores de un libro sobre los contratos con el Estado por U$$S700 millones que manejaba el hermano de Correa, hecho comprobado, los demandó por U$$S10 millones, porque eso le produjo una “gran humillación”, “una grave aflicción social, moral y desprestigio” y un “gran sufrimiento, angustia y dolor”. ¿Y por qué no se las agarró con el hermano?
Correa dijo que el juicio lo hizo a título personal, pero utilizó la cadena oficial de radio y TV para cuestionar y criticar a los periodistas autores del libro El Gran Hermano .
Frente a una columna de opinión en que lo hacían responsable por unas acciones de las fuerzas armadas, la consideró una “injuria calumniosa” y reclamó la prisión del autor y tres directivos del diario y una indemnización por daño moral de 80 millones de dólares. (A ese tren le va a ir mejor que a su hermano Fabricio, el de los contratos).
Correa como presidente y jefe máximo de las FF. AA. no quiere asumir las acciones de estas, sin embargo, quiere hacer responsables a los dueños de los medios por lo que escribe bajo su firma un ciudadano periodista en uso de su derecho individual a la libertad de expresión.
En esa misma línea de abuso de poder el mandatario amenazó con un juicio a un ciudadano que le llamó “fascista”, pasando por alto que ese ciudadano ya había sido golpeado en la cabeza, espalda, cuello y abdomen (con efecto en hígado y riñones) por sus custodios. Parece que Correa no sabe que precisamente esos son métodos fascistas.
Por su lado el mandatario insulta continuamente con total impunidad. El resto debe callar, o es demandado, en el mejor de los casos. Qué puede hacer, por ejemplo, un humilde ciudadano agredido por los guardaespaldas.
¿No tiene derecho a sentirse humillada, angustiada o agredida en su prestigio una periodista si por el mero hecho de informar que algunas “preguntas” del plebiscito puedan ser inconstitucionales si al día siguiente el presidente de la República opina: “Cualquier coloradita guapita, porque presenta noticia entonces ya se convirtió en experta constitucional. ¿Esto es una muestra de la corrupción y falta de profesionalismo de nuestra prensa?”.
¿Tendrá esa coloradita guapita, corrupta y poco profesional algún chance de hacerle un juicio por 90 millones de dólares a Correa en el Ecuador de hoy?
Y si esta es la situación ahora, lo que será después si Correa gana el plebiscito y le “mete mano” a la justicia y la prensa.
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