Sin duda que para los nicaragüenses democráticos es desilusionante el dato sobre la intención de voto para la elección presidencial del 6 de noviembre de este año, ofrecido en la encuesta de M&R Consultores que LA PRENSA ha dado a conocer esta semana. Según esta encuesta, Daniel Ortega, del FSLN, está a la cabeza con un contundente 47.8 por ciento; muy atrás Fabio Gadea, de la alianza PLI-UNE, con 12.8 por ciento; y mucho más abajo todavía, Arnoldo Alemán, del PLC, con 5.7 por ciento, Enrique Quiñónez, de ALN, con 1.2 por ciento, y Miguel García, del Apre, con 0.8 por ciento.
Claro que el 47.8 por ciento de Daniel Ortega no es con respecto a la totalidad de los encuestados, ni de todos los electores que concurrirán a las urnas el 6 de noviembre. Es el 47.8 por ciento de quienes dicen que ya están decididos a votar, en los cuales se incluye la totalidad del electorado sandinista, que es un voto férreamente disciplinado con su caudillo populista.
Pero aun así, ese porcentaje de Daniel Ortega resulta impactante. De manera que es comprensible que se piense que el caudillo del FSLN está barriendo a la oposición, o que la va a barrer en las elecciones del 6 de noviembre de este año. Lo cual no significa, de ninguna manera, que se quiera decir que la oposición -que realmente son los ciudadanos que adversan al régimen orteguista, no los partidos políticos opositores— es una basura. Y tampoco se está menospreciando a la oposición por ser minoritaria, pues está claro que en la democracia no solo es importante la mayoría, sino también las minorías, y no es verdaderamente democrático quien no reconoce la importancia primordial de la disidencia y los derechos de la franja opositora, cualquiera que sea su tamaño.
Ahora bien, como ocurre siempre en Nicaragua con las encuestas políticas y particularmente las electorales, la última de M&R Consultores ha producido reacciones radicales opuestas, según la posición y el interés particular de los diferentes sectores políticos. O sea que algunos aceptan la encuesta como válida porque los datos favorecen explícitamente su posición política, pero es rechazada tajantemente por quienes se sienten afectados por las cifras y hasta la descalifican porque según ellos es manipulada. Sin embargo es justo reconocer que también hay políticos de talante democrático que no objetan la encuesta, y aunque lamenten sus resultados aseguran que la aprovecharán para mejorar su trabajo.
De cualquier manera, tales son los datos de una encuesta que, según la ficha técnica, se realizó en base de una muestra de 1,600 nicaragüenses de todo el país, incluyendo la Costa Caribe, de ambos sexos, mayores de 16 años, “residentes en sectores urbanos, semirrurales y rurales del país” (aunque sin especificar hasta dónde del interior rural de Nicaragua penetraron los encuestadores), habiéndose hecho el trabajo de campo entre el 21 de marzo recién pasado y el 3 de abril corriente. Además, el margen de error de la encuesta, estimado por M&R, es de 2.5 por ciento, mientras que el nivel de confianza es de 95 por ciento.
Sin duda que algunos datos de la encuesta de M&R son discutibles y es legítimo el derecho a cuestionarlos. Pero nuestro objetivo al publicar ésta y las demás encuestas, independientemente de sus números y a qué intereses políticos favorecen o perjudican, es exclusivamente periodístico.
LA PRENSA sostiene con orgullo y practica con firmeza claros principios democráticos y valores de libertad, los cuales son expuestos en su pensamiento editorial. Pero no es vocera de ningún partido político ni candidato presidencial o a cualquier cargo de elección popular. LA PRENSA no oculta ni sesga la información por interés partidista o electoral, y la mejor prueba de ello es que si los datos de las encuestas favorecen a Daniel Ortega y su gobierno, los publicamos tal como son. Esto sin perjuicio de nuestro rechazo al régimen de Ortega porque atropella la Constitución, pisotea las leyes, demuele las instituciones, manipula los cuerpos armados del Estado e impone su candidatura a una nueva reelección que es inconstitucional, ilegal e ilegítima.
Nosotros deploramos que según la encuesta de M&R muchos nicaragüenses no alcancen a ver claramente —o no les importa— el daño que el orteguismo le hace a la nación. Pero esa es la realidad y no podemos ni debemos ocultarla ni disimularla. De todas maneras, lo más importante es que los actores políticos aprovechen las encuestas para elaborar, corregir o mejorar sus estrategias electorales. Y que le sirvan a los ciudadanos para elegir a los candidatos de su preferencia, y si eligen mal que carguen con la responsabilidad que les corresponde.
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