Los discapacitados de Ciudad Sandino que trabajan en un taller de carpintería están solicitando apoyo a las autoridades locales. LA PRENSA/ M. LARGAESPADA

Carpintería especial necesita más clientes

A diario José Bravo Selva, de 58 años, recorre cuatro kilómetros a bordo de su silla de ruedas desde el barrio Vista Hermosa en la zona 10 de Ciudad Sandino hasta su centro de labores, ubicado frente al hospital de ese municipio.

A diario José Bravo Selva, de 58 años, recorre cuatro kilómetros a bordo de su silla de ruedas desde el barrio Vista Hermosa en la zona 10 de Ciudad Sandino hasta su centro de labores, ubicado frente al hospital de ese municipio.

Aparte del cansancio que implica el recorrido, también debe enfrentar algunos riesgos durante el trayecto: la vulnerabilidad a un accidente o ser víctima de la delincuencia común.

Bravo Selva, quien a los cuatro meses de vida sufrió de poliomielitis, enfermedad que le causó una parálisis en las extremidades inferiores, asegura que no quiere “ser un estorbo” para su familia y que desde pequeño aprendió el oficio de carpintero para valerse por sí solo. Y lo ha logrado.

Desde el año 1993 junto a un grupo de personas discapacitadas fundó una cooperativa de carpinteros para el autosostenimiento de sus miembros.

No ha sido tarea fácil. Según Bravo, quien preside la Asociación de Discapacitados Físico Motores de Nicaragua (Adifin) en Ciudad Sandino, la falta de apoyo por parte de las autoridades municipales ha impedido el crecimiento del pequeño taller de carpintería donde labora un grupo de personas con diferentes discapacidades físico motoras.

FALTA CLIENTELA Y APOYO

“La alcaldía no nos apoya, le hemos planteado algunos proyectos de carpintería para elaborarlos o hacerles reparaciones a los muebles, pero no nos dan respuesta. Las personas que nos dan a hacer trabajos son gente que nos conocen, pero hace falta clientela”, dijo Bravo, y explicó que la principal demanda de ellos es trabajo y en eso tampoco hay apoyo de la alcaldía.

“Yo siento que trabajamos para pagar la luz que nos sale de 1,900 córdobas al mes, pero por lo menos somos útiles. La vida es dura y seguiré en la lucha por la defensa de nuestros derechos”, asegura Bravo con firmeza.

Eso mismo refirió José Esteban Ávalos, de 50 años, víctima de guerra que sufre de una parálisis en la parte izquierda de su cuerpo.

“Es poco lo que se puede ganar aquí, pero por lo menos nos sentimos como personas útiles. De repente nos caen unos cuantos rumbitos y con eso medio nos defendemos. Pero si tuviéramos más clientela, tendríamos más ingresos”, refirió Ávalos.

Pablo Antonio González, vicepresidente de Adifin en Ciudad Sandino y quien funge como vigilante en el pequeño taller de carpintería, lamentó la pésima situación económica de los 128 integrantes de esa organización en Ciudad Sandino.

Según González, la mayoría de las personas discapacitadas en Ciudad Sandino carece de los medios auxiliares para movilizarse.

El sector de los discapacitados es crítico. La pobreza es tanta que muchos no tienen techo donde dormir y lo peor todavía es que no tienen ni sus muletas, sillas de ruedas o bastones para andar”, manifestó.

Otro de los miembros de Adifin es Orlando Huerta Palacios, quien posee una discapacidad pélvica y se queja de que la municipalidad no los incluya en el presupuesto.

“No pedimos casa, lo que sí hemos solicitado son terrenos, en realidad no nos toman en cuenta a nosotros para nada, no hay disposición alguna para ayudarnos. Nos ha tocado abrirnos camino solos”, dijo Huerta.

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