Un columnista de un diario argentino escribió ayer, irónicamente por supuesto, que se siente satisfecho porque a pesar de que su país aparece muy mal situado en el Índice de Percepción de Corrupción en el mundo, correspondiente al año pasado, otros países de América Latina como Nicaragua y Venezuela están peor todavía.
Es que en el Índice de Percepción de Corrupción correspondiente al año pasado, el cual es elaborado por Transparencia Internacional, entre 178 países de todo el mundo Argentina ocupa el lugar número 105. Pero Nicaragua está más abajo, en el deshonroso 127, mientras Venezuela, que bajo la hegemonía del coronel Hugo Chávez es el país líder de la alianza estratégica Alba y del llamado “socialismo del siglo XXI”, se ha hundido en el sitio 164 de dicho ranking.
Pero Transparencia Internacional mide también la percepción de corrupción en el mundo, en una escala de 0 a 10, en la cual son más corruptos los países que están en 0, o se le aproximan; y los que ocupan o se acercan al lugar número 10 son aquellos donde hay menos corrupción. Y en este orden la percepción de corrupción en Argentina es de 2.9, mientras que en Nicaragua es de 2.5, y Venezuela está peor, pues se ha colocado en el lugar 2.0.
Sin duda que no es por casualidad que Nicaragua y Venezuela están entre los países del mundo en los que es mayor la percepción de corrupción. Desde que en 1995 Transparencia Internacional comenzó a elaborar y presentar el Índice de Percepción de Corrupción en el mundo, se puso en evidencia que esta lacra moral, política y social se asocia directamente con el ejercicio del poder de manera autoritaria y dictatorial. O sea que donde no existe libertad, democracia, Estado de Derecho y respeto a los Derechos Humanos, hay más corrupción. Y, por el contrario, entre más libres, democráticos y respetuosos de los Derechos Humanos son los países, hay más transparencia y muchísima menos corrupción.
De manera que resulta entendible por qué los países que son percibidos como más corruptos en el mundo, son Somalia, Birmania, Afganistán, Irak, Uzbekistán, Turkmenistán, Sudán, Chad, Burundi, Angola, Venezuela y Nicaragua, pues todos ellos son Estados fallidos o dictaduras de derecha y de izquierda. En tanto que los países que según el Índice de Percepción de Corrupción son menos corruptos, o la corrupción es casi cero, son democracias estables que resplandecen por su transparencia gubernamental, como Dinamarca, Nueva Zelanda, Finlandia, Suecia, Canadá, Holanda, Suiza, Australia y Noruega.
Por supuesto que hay algunos países con gobiernos autoritarios y poca corrupción, lo mismo que democracias que tienen gobernantes corruptos o que no combaten debidamente la corrupción. Pero son muy pocos y representan la excepción de la regla, cual es que la corrupción gubernamental está indisolublemente asociada a la dictadura, al autoritarismo y al populismo, y que, por el contrario, la transparencia es una fiel acompañante de la libertad y la democracia.
El caso de Nicaragua es elocuente. En el Índice de Percepción de Corrupción en el mundo del año 2006, que fue el último del período de gobiernos democráticos, Nicaragua ocupó el lugar 115. Cuatro años después, con el régimen autoritario, dictatorial y clientelista de Daniel Ortega, el país cayó 12 puntos y ahora ocupa el sitio 127 en el vergonzoso ranking mundial de la corrupción. Lo cual tampoco puede sorprender a nadie, puesto que durante el actual gobierno de Daniel Ortega la corrupción se ha practicado en la forma más descarada y con la mayor impunidad, porque los órganos de control, fiscalización y administración de justicia forman parte del mismo sistema gubernamental corrupto.
Es importante señalar que Transparencia Internacional es un organismo no gubernamental, apolítico y profesional, que tiene su sede en Berlín, Alemania, cuenta con organismos afiliados en más de ochenta países del mundo y goza de un merecido prestigio mundial por su independencia, seriedad y responsabilidad. Además, las fuentes del Índice de Percepción de Corrupción en el mundo que Transparencia Internacional elabora cada año, se fundan en investigaciones de instituciones académicas de alta calidad y reconocida buena reputación, como la Universidad de Columbia, la Freedom House, el Foro Económico Mundial y otras del mismo calibre.
De manera que el Índice de Percepción internacional de Corrupción de Transparencia Internacional, demuestra claramente el indiscutible éxito que ha tenido Daniel Ortega en aumentar la corrupción gubernamental en Nicaragua.
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