QUITO/ EFE
La relación entre Ecuador y Estados Unidos se encuentra en el nivel más bajo de representación, sin llegar a una crisis y con la posibilidad de que se abra una ventana para que Quito y Washington establezcan un nuevo marco de relación, según varios analistas.
Para el catedrático Mauro Cerbino, de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO), la orden recíproca de salida de los embajadores de los dos países así lo demuestra.
El Gobierno de Ecuador echó el martes a la embajadora estadounidense, Heather Hodges, y, en reciprocidad, Washington hizo lo propio ayer con el ecuatoriano, Luis Gallegos, ambos declarados personas no gratas, pero reconocidos por los suyos como excelentes diplomáticos de sus respectivos países.
Ello tras la explosión que generó un cable filtrado por WikiLeaks, atribuido a Hodges, que en 2009 advertía de una supuesta “corrupción generalizada” en las filas policiales, sobre todo de su entonces comandante, Jaime Hurtado Vaca, una situación conocida de una manera aparentemente cómplice por parte del presidente Rafael Correa.
Hodges no desmintió el cable de WikiLeaks ante las autoridades ecuatorianas, que han advertido de una especie de contestación displicente de la diplomática al negarse a responder.
Para Cerbino, la decisión de Quito es entendible y “quizá motivada”, pero algo “precipitada, no muy reflexionada”, pero considera que tampoco desembocará en “algo mayor”.
“El impacto que podría producirse es muy mínimo” para el país, sobre todo ante la posibilidad de que se eliminen las preferencias arancelarias (ATPDEA) que EE. UU. le otorga, manifestó.
De todas maneras, la fricción actual entre Quito y Washington, a criterio del académico, no debería haberse producido por “hechos que no deberían ser contemplados en la diplomacia”, en referencia a los cables de WikiLeaks.
El presidente del Comité Empresarial Ecuatoriano, Roberto Aspiazu, manifestó que sí es un gran problema la posible eliminación de las preferencias arancelarias andinas, porque perjudicaría un buen volumen de la exportación ecuatoriana hacia el mercado del norte.
Para el excanciller Fander Falconí, “la única responsable de esta situación es la embajadora” Hodges, quien ha tenido algunas actuaciones “inamistosas” durante su gestión en Quito.
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