Lo que está actualmente sucediendo en Nicaragua es para preocuparnos. Es un retroceso en la historia y en lo poco que habíamos logrado avanzar en nuestra incipiente democracia.
Si Somoza por alguna razón se pudiera comunicar con Daniel Ortega y este le permitiera un consejo, no dudo que sería: “No te reelijás, no seás bruto, poné a alguien de tu partido como candidato y retirate. Seguí fortaleciendo a tu partido, pero no cometás los mismos errores que cometí yo. Mirá lo que me costó, mirá lo que le costó al Partido Liberal Nacionalista y mirá lo que le costó a Nicaragua”.
Sabio consejo. Lo dice la Iglesia, lo dice la historia. Esto va a terminar mal. Mal para Daniel, mal para el FSLN y mal para Nicaragua.
El FSLN es un partido fuerte, que si se modernizara y democratizara en sus estructuras, desempeñaría un papel importantísimo en el desarrollo de la democracia en Nicaragua y por ende en el desarrollo en todo sentido de Nicaragua. Sería una contrapartida, un balance necesario en la correlación de fuerzas y de ideas, fundamentales en el ejercicio democrático. Pero desgraciadamente no está sucediendo así y lo que se vislumbra es que va a correr la misma suerte que corra Daniel Ortega, que nuestra historia la contempla.
Por el bien de Nicaragua y de todos los nicaragüenses, incluyendo a aquellos que apoyan una reelección completamente ilegal, por más que la quieran maquillar con resoluciones y sentencias ilegales, es importante que el FSLN pierda estas elecciones. Es la única forma de salvar al FSLN para que en el futuro siga siendo una fuerza política en el país y contribuya con el balance que necesita el ejercicio democrático.
La pregunta es: ¿Cómo hacemos para que el FSLN pierda estas elecciones, si tiene todo a su favor y además no se dio la tan demandada unidad?
Voy a tratar de contestar esta pregunta sin referirme a los magistrados de facto del Consejo Supremo Electoral, pues no pienso cómo estos señores puedan ser imparciales si de antemano saben que si gana otro partido van a la dura calle, ya que la confianza hacia ellos es menos cero, además que sobre sus espaldas cae el burdo fraude de las elecciones municipales.
Pero en fin, sin ninguna confianza en ellos, porque sería “naive” de mi parte, y sin ninguna confianza en estas elecciones, donde lo que se espera es una asignación de votos y no un imparcial escrutinio de los mismos, con la confianza en la observación electoral nacional y extranjera y con la esperanza puesta en Dios, creo que el pueblo de Nicaragua tiene que llenarse de esperanzas y salir a votar.
Si la unidad no se dio en las direcciones o cabezas de los partidos, hagamos la unidad las bases y salgamos a votar por una sola fórmula. No dividamos el voto. No cometamos el mismo error de las dirigencias.
Me atrevería a insinuar que esa fórmula no es otra que la que nos puede garantizar algún cambio, algo diferente, que quiera Dios no nos vaya a fallar y clavarle otro puñal a la esperanza del pueblo nicaragüense, al que no le queda espacio ya en su cuerpo para recibir traiciones y desengaños.
Un voto masivo a favor de una sola fórmula, si lo logramos, más una buena fiscalización, observación y conteo rápido, dificultaría y tal vez impediría el fraude o por lo menos la asignación de votos y además lograríamos una fuerte representación en la Asamblea Nacional, necesarísima para parar y servir de contrapeso a las pretensiones dictatoriales de Daniel Ortega, para lo cual es necesario que cuando se escoja la fórmula a la cual volcaremos nuestros votos, tomemos en consideración quiénes van como candidatos a diputados, pues si son venales, nuestro esfuerzo no serviría más que para facilitarle a unos sinvergüenzas la comercialización de la representación entregada por el pueblo en el ejercicio del poder político y de la soberanía nacional, en quien reside y la ejerce por medio de sus representantes libremente elegidos por sufragio universal, igual, directo y secreto, sin que ninguna otra persona o reunión de personas (asambleas populares, pueblo presidente, etc.) pueda arrogarse este poder o representación.
No perdamos las esperanzas, luchemos por Nicaragua y unámonos desde las bases para elegir al gobierno que nos merecemos.
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