Juan Carlos Tijerino y Luis Eduardo Martínez
El nombramiento de Álvarez fue ordenado por el papa Benedicto XVI.
Durante el acto, monseñor Leopoldo Brenes le preguntó si quería ser obispo y Álvarez respondió que sí. Después le hicieron otras preguntas, entre otras que si obedecería fielmente al sucesor de Pedro, que si sería bondadoso con todos los necesitados, inmigrantes y pobres y si buscaría a las ovejas dispersas para conducirlas al camino del Señor.
Tras finalizar este rito, fue ungido de bálsamo y le impusieron un anillo, que es signo de fidelidad.
La ceremonia prosiguió con la entrega del báculo, que le entregó monseñor Jorge Solórzano, que hasta ayer fue el administrador apostólico de esa diócesis.
Minutos después los obispos colocaron las manos sobre su cabeza. Brenes hizo una oración y continúo con un recorrido por la catedral, que permaneció llena pese a que la ceremonia se alargó por varias horas.
Después de la ordenación, continuó el rito de una eucaristía regular, a partir de la homilía.
Tras más de cuatro horas, el nuevo obispo, que hoy celebrará su primera misa, agradeció a los presentes.
A la ceremonia de ordenación no entraron todos los que hubieran querido. Para entrar había que estar acreditado.
Las bancas prácticamente fueron utilizadas en su totalidad por sacerdotes que viajaron de todo el país.
En el altar permanecieron únicamente unos cuantos sacerdotes y los obispos que integran la Conferencia Episcopal. No obstante, no todos los obispos esperaron a que terminara la consagración episcopal y toma de posesión.
La consagración del nuevo obispo de Matagalpa, según el programa que entregaron los miembros del protocolo de comunicación, duró más de cuatro horas.
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Cuando abrió la puerta de la iglesia en Managua, lo primero que hizo monseñor Rolando Álvarez fue saludar a un pequeño grupo de feligreses que lo esperaban. Fue una despedida rápida. Apenas dirigió unas palabras a un par de señoras que se soltaron en llanto cuando lo vieron partir rumbo al norte del país, donde sería ordenado nuevo obispo de Matagalpa.
Álvarez les dio un beso en la frente y las bendijo por última vez.
Luego abordó junto al arzobispo de Managua, monseñor Leopoldo Brenes, una lujosa camioneta para iniciar su viaje a Matagalpa, escoltado por varios vehículos, entre estos los de Radio Católica y Radio Hermanos, que desde las seis de la mañana comenzaron a transmitir en vivo la partida de Álvarez.
Desde que salió de la parroquia San Francisco, en Managua, no se detuvo para nada. De no ser por la sirena de una camioneta de la Policía Nacional que encabezaba la caravana, la gente en la capital no se hubiera percatado de que ahí viajaba el próximo miembro de la Conferencia Episcopal.
Minutos después, tras abrirse paso entre la cantidad de vehículos que transitaban por Carretera Norte a esa hora, finalmente llegó al kilómetro 65, el límite entre Managua y Matagalpa.
CHIMBOMBAS DE BIENVENIDA
Justo en ese kilómetro un grupo de feligreses lo esperaba con parlantes y globos de colores blanco y amarillo (los colores oficiales de la Iglesia católica) como bienvenida.
Álvarez se detuvo y agradeció el gesto, bendijo a los feligreses y siguió con su viaje hasta que en otra comunidad, cuatro kilómetros más adelante, otros feligreses también lo esperaban en ambos carriles, con docenas de globos y dos cargacerradas, que explotaron para celebrar y que sin duda acabaron de despertar al vecindario.
En el resto del trayecto los recibimientos se limitaron a saludar con banderas y a gritar a todo pulmón “¡Bendito el que viene en el nombre de Señor!”.
Cuando la caravana llegó a Sébaco, en el puente se exhibía una enorme manta colgada que agradecía a Dios por el nombramiento de Álvarez como obispo.
Una vez en Matagalpa, el alcalde Sadrach Zeledón Rocha aprovechó el acontecimiento, considerado por algunos matagalpinos como el evento social del año, para entregarle las llaves de la ciudad.
En el parque de la Virgen de La Merced, el recibimiento fue aún más emotivo. La gente desbordó las calles. Algunos hasta lloraron.
Los colegios sacaron a sus bandas musicales. Varios negocios cambiaron sus reguetones publicitarios por cantos a la Virgen. Las casas por donde pasó estaban adornadas con imágenes de la Virgen María, Juan Pablo II y del nuevo obispo. En la catedral muchos esperaron su llegada para que iniciar el rito de ordenación que se miró en pantalla gigante como los actos del presidente Daniel Ortega.

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