Raúl Benoit

¿Dónde está tu lado lady, Gaga?

Amargamente descubrí que la chica que me extasiaba con su ritmo, que me regresó a mis tiempos de juventud y hasta me hizo hervir la sangre escondía una cara perniciosa.

Cuando comencé a escuchar las canciones de Lady Gaga, la que proclaman reina del pop, me gustaron mucho y mis amigos se extrañaron, por mi edad, de que fuera una de mis artistas predilectas.

Las canciones Money Honey, Bad Romance y Just Dance, (visto en YouTube más de 134 millones de veces), yo las hacía sonar en el carro como los afrodescendientes, tan alto que alrededor vibraban los vidrios de los vecinos.

Pero un día desperté a la realidad. Sus extravagancias me empezaron a fastidiar. Me hastió su ambigüedad sexual (dicen que es hermafrodita). Ella no lo niega y solo declaró, casi admitiéndolo, que es más mujer que hombre; me molestó que se haya desnudado en la revista Rolling Stone y posado como varón para Vogue, haciendo énfasis en su aparente bisexualidad, tema que explota publicitariamente y que engolosina a los morbosos.

Gaga se excede en sus conductas sociales y en los bailes eróticos, sobrepasándose al dejarse manosear en los escenarios. En enseñar una vida disipada y rendirle culto al dios dinero. En lucir maquillaje estrambótico, satánico y ropa carnavalesca, rayando en lo ridículo, que difiere de su título de Lady.

Fue repulsivo cuando cubrió de carne cruda su cuerpo, simulando un vestido, en los premios MTV 2010, diciendo que su mensaje quería reflejar que ella no es un trozo de pernil. Si por lo menos hubiera argumentado que protestaba contra la tortura de los animales, me conservaría como su fanático.

En la gala del “Royal Variety Show” en Londres, en diciembre de 2009, se presentó ante la Reina Isabel, con un vestido de látex rojo, simulando un ángel demoniaco, y a pesar de eso, la soberana la saludó sonriente para quedar bien en la prensa. Esa tolerancia con las locuras de los artistas valida el mal ejemplo que algunos dan a la juventud.

Bajo el nombre de Lady Gaga se oculta una chica llamada Stefani Germanotta, neoyorquina nacida en 1986, a la que muchos califican como la nueva Madonna. Aunque procede de una buena familia, Gaga fue un “bicho raro” desde el colegio. Quizás todo hace parte de una pantomima, porque su histrionismo la acompaña desde los 4 años.

Gaga compite en llevar una vida escandalosa con otro mal ejemplo de la farándula: Charlie Sheen, a quien irónicamente lo siguen más de 2 millones 400 mil personas en Twitter. ¿Por qué? Porque la gente busca conocer sus perversiones e infortunios y quizás comparten con ellos en forma oculta esos desórdenes de conducta.

Sheen cayó en el hoyo negro de sus propias falacias consumiendo drogas y alcohol hasta perder la sensatez y aumentó su éxito. Como todo lo perverso se trata de dinero, alguien lo volverá a contratar por millones de dólares.

Más que llamar la atención, Sheen y la “señorita” Gaga envían un mensaje equivocado a las nuevas generaciones. Deberían saber que la responsabilidad social y cultural de los artistas va más allá de vender discos o películas.

Por lo pronto, yo no compraré más música de Gaga, porque ya no es mi Lady.

 

El autor es periodista colombiano   
http://twitter.com/raulbenoit

COMENTARIOS

  1. Augusto Corrales
    Hace 16 años

    jajaja gracioso y muy cierto, esa es la realidad de los «idolos creados» buen articulo raul

  2. el inquisidor
    Hace 16 años

    Raul , comparto tu opinion por completo , clase de mal ejemplo el que transmite esta especie mutante de raza humana mal llamada LADY y de sobrenombre GAGA ( tartamuda) , pero al final si prevalecera la sensatez y con ella el mea culpa cuando estas especies caen en desgracias

  3. gaby
    Hace 16 años

    Excelente tu articulo.. Felicitaciones por abrir los ojos de la cultura y la sensates.

  4. Dona
    Hace 16 años

    El hecho de ser «Hermafrodita» no es razon para «hastiarse» de la ambiguedad de una persona. A countinuación la definición de «HERMAFRODITA»: http://en.wikipedia.org/wiki/Hermafrodita

  5. Maria Carla
    Hace 16 años

    Vaya, pero por lo visto le sigue mucho la pista a esta artista, porque yo no sabía ni una cuarta parte de las cosas que escribe aquí. Me parece que más bien esto está como «me asusta, per me gusta».

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