El martes de esta semana varios oficiales retirados del Ejército de Nicaragua, antes Ejército Popular Sandinista, dieron a conocer un pronunciamiento cívico mediante el cual rechazan la pretendida nueva reelección de Daniel Ortega, por ser inconstitucional y porque entraña una grave amenaza a la paz de Nicaragua.
Entre los diversos aspectos importantes que contiene el pronunciamiento cívico que los militares retirados dieron a conocer este martes 15 de marzo (el cual se publicó en campo pagado en la página 4-B de nuestra edición de ayer, miércoles 16 de marzo), llama la atención el dato que aportan sobre las bajas mortales que sufrió el Ejército Popular Sandinista durante la guerra contra la Resistencia Nicaragüense, en los años ochenta del siglo recién pasado.
Según los militares retirados que alertan sobre la amenaza a la paz nacional que significaría la reelección ilegal e ilegítima de Daniel Ortega, la guerra civil de los años ochenta dejó “un saldo de más de 100 mil muertos. De ellos estimados; alrededor de 25 mil reclutas, casi 30 mil reservistas y milicianos y un poco más de 3 mil miembros permanentes del Ejército… De parte de los comandos de la Resistencia se estima perdieron la vida más de 20 mil combatientes y miembros de sus bases de apoyo ”
En relación con estos datos, cabe recordar que a fines de noviembre del año 2009 hubo en el país una controversia pública sobre las bajas mortales sufridas por el Ejército Popular Sandinista en la guerra civil de los años ochenta, debate que quedó inconcluso, en espera de cifras oficiales confiables. La polémica se originó a raíz de que el antiguo comandante en jefe del Ejército Popular Sandinista y ahora general retirado, Humberto Ortega Saavedra, dijo en un artículo de opinión publicado en septiembre de ese año, que los muertos del Servicio Militar Patriótico (o sea obligatorio), “pudieron ser unos tres mil quinientos”.
El comandante Oscar Sobalvarro, quien fuera uno de los principales líderes militares de la Contra, replicó al general Ortega y aseguró en aquella ocasión a LA PRENSA que “las bajas mortales del Ejército Popular Sandinista (EPS) pudieran estar entre 15 mil y 20 mil”. Y sobre el número de muertos en las filas de la Resistencia, Sobalvarro calculó que “había sido un poco más de 13 mil guerrilleros”. Por su parte, el entonces comandante en jefe del Ejército de Nicaragua, general Omar Hallesleven, no quiso dar una cifra oficial sobre las bajas mortales que sufrió el EPS pero prometió que en el año 2010 el Ejército ofrecería una información “veraz” sobre los muertos del denominado Servicio Militar Patriótico. “Somos una institución seria, no vamos a emitir opiniones a medias”, dijo entonces el ahora general retirado Hallesleven, pero la información veraz no se dio el año pasado, como él prometió.
Por su parte, LA PRENSA publicó el 4 de noviembre de 2009 una investigación realizada por el periodista Luis Enrique Duarte en los archivos desclasificados de la Oficina de Contraespionaje de la Seguridad del Estado (Stasi) de la extinta Alemania comunista, país totalitario que ejerció gran influencia sobre el régimen sandinista de los años ochenta. En esos archivos se revela que solo en el período de 1980 a 1986 hubo 16,963 muertos causados por la guerra civil de Nicaragua entre sandinistas y contras. Pero es fácil inferir que las bajas totales del EPS y de la Contra deben haber sido muchas más, pues, en los archivos de la Stasi no se incluyen las muertes de los años 1987 a 1990, que fue precisamente cuando se libraron los combates más cruentos de aquel conflicto armado que, seguramente, ningún nicaragüense sensato quiere que vuelva a ocurrir.
Es necesario recordar esas cifras macabras para fortalecer el sentimiento nacional de que la guerra no se debe repetir nunca más en Nicaragua. Para lo cual es indispensable rescatar las posibilidades y los medios que permitan resolver los problemas de los nicaragüenses de manera civilizada, pacífica y democrática. Y de allí la importancia del pronunciamiento cívico de los oficiales retirados del Ejército, en un momento que, como ellos advierten, “una vez más se cumple un ciclo agónico producto del capricho reeleccionista de un caudillo que demanda más tiempo para seguir cumpliendo sus designios egoístas”.
Sin duda que la gran mayoría de los nicaragüenses comparte el criterio de los militares retirados, acerca de que: “esta crisis de legitimidad y del conflicto político-legal tiene que ser resuelta en los cauces civilistas. El mecanismo sagrado de la elección debe ser asegurado para hacer valer el voto ciudadano”.
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