En un alarde de intolerancia, característica de los partidarios de Daniel Ortega, un grupo de sus seguidores quitaron abusivamente mantas que el Consejo Superior de la Empresa Privada (Cosep) mandó a colocar para hacer propaganda a su campaña denominada “La nación demanda observación”, mediante la cual este sector del empresariado exige que se permita la observación electoral independiente en las elecciones del 6 de noviembre próximo.
No obstante, el presidente del Cosep, José Adán Aguerri, aseguró que eso nos los hará callar, que los empresarios seguirán demandando la observación electoral independiente no solo con mantas en la vía pública, sino también por otros medios de publicidad. Y agregó el líder empresarial que también impulsarán campañas en pro de una cedulación imparcial y para motivar el voto ciudadano en las próximas elecciones.
En realidad, el Cosep anunció desde el viernes 4 de marzo corriente, durante un desayuno con periodistas, el lanzamiento de una campaña política cívica durante este año, la cual se desarrollará en tres etapas, siendo la primera de ellas la demanda de observación electoral nacional e internacional que comenzó ese mismo día y apenas tres jornadas después sufrió el ataque de la intolerancia política orteguista.
Mediante esta campaña el Cosep demanda al Gobierno que permita la observación electoral independiente de organismos nacionales como Ética y Transparencia e Ipade, así como de entidades internacionales como la Organización de Estados Americanos (OEA) y la Unión Europea, como se ha venido haciendo en todas las elecciones anteriores, desde 1990 cuando doña Violeta Barrios de Chamorro y la alianza UNO derrotaron a Daniel Ortega y el FSLN y abrieron el camino hacia la libertad y la democracia en Nicaragua, el que ahora está siendo cerrando.
Además de la campaña por la observación electoral nacional e internacional —que es una demanda de toda la sociedad salvo la minoría oficialista que sigue a Daniel Ortega—, el Cosep realizará otras dos campañas cívicas, una de ellas para demandar que el proceso de cedulación no tenga sesgo partidista, y la otra para animar a los ciudadanos a que concurran el 6 de noviembre a los centros de votación. Lo cual es muy importante pues hay que inculcar en los nicaragüenses la convicción de que su voto vale y decide, siempre que las elecciones sean libres y limpias, y que eo votar como único medio cívico, pacífico y civilizado para poner o quitar a los gobernantes y representantes en los poderes públicos constitucionalmente establecidos.
De manera que la campaña cívica del Cosep merece ser apoyada por todos los nicaragüenses que quieren vivir en libertad y gobernarse en democracia, para lo cual es indispensable que haya elecciones libres, limpias y justas, y organizadas por personas honorables que inspiren a los ciudadanos la confianza en que su voto y su voluntad política serán respetados. O sea por un poder electoral dirigido por personas distintas a los magistrados de facto que actualmente detentan esos cargos de manera ilegítima, porque ya se les vencieron los períodos para los cuales fueron nombrados por la Asamblea Nacional y nadie, ni siquiera Daniel Ortega, tiene facultad para prorrogar sus mandatos.
Pero también es oportuna esta campaña del Cosep, que de hecho se suma a las que otros sectores de la sociedad civil y partidos políticos democráticos también están realizando, por sus propios medios, en demanda de la observación electoral nacional e internacional, la renovación del Poder Electoral y otras garantías de transparencia y limpieza electoral en los comicios del primer domingo de noviembre de este año. Es oportuna, decimos, porque el régimen de Daniel Ortega está haciendo todo lo posible, con sus artimañas, arbitrariedades, atropellos a los ciudadanos libres y sus organizaciones independientes, incluso violaciones a la Constitución y la ley, para desacreditar ante los ojos de los ciudadanos independientes y democráticos el mecanismo cívico y civilizado por excelencia para constituir los poderes públicos que es el de las elecciones libres, limpias y justas.
El pueblo nicaragüense hizo bastantes sacrificios y derramó mucha sangre en las luchas contra las dictaduras somocista de cuarenta años y la sandinista de los años ochenta, para conquistar el derecho a escoger a sus gobernantes en elecciones libres y justas. Y no debe dejarse arrebatar fácilmente esa gran conquista democrática, porque la alternativa es regresar a los tiempos sombríos y sangrientos de las dictaduras, de los fraudes electorales, de las reelecciones ilegales e ilegítimas de caudillos empecinados en perpetuarse en el poder, y de las brutales represiones y bombardeos contra la inevitable rebeldía popular.
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