Una simple regla de tres indica que si el infielder de la Costa Caribe, Ronald Garth, fue capaz de disparar tres jonrones en cuatro juegos el fin de semana, a lo mejor es capaz de conectar 66 en una campaña de 88 partidos en la fase regular.
Pero las matemáticas y el beisbol no necesariamente van de la mano. Intervienen demasiados factores en un juego tan impredecible, que nadie se atreve a vaticinar el ritmo de un jonronero. Y pasa en todos los niveles. En Grandes Ligas hemos visto artilleros que superan los 30 tablazos en la primera mitad, y cuando se espera que alcancen los 60 se quedan con 40.
Aquí hay un ejemplo: Ramón Padilla, el último gran jonronero que tuvo nuestro beisbol, disparó 23 jonrones en los primeros 54 partidos de la campaña de 1992-93. Y cuando se vislumbraba la caída de la marca de Ernesto López (42), el sureño sólo pegó 13 en los restantes 50 juegos, para cerrar con 36. Y eso que llevaba incluso, mejor ritmo que el “Tiburón”.
En 1999 Francisco Miranda se convirtió en el último bateador de 30 jonrones en el beisbol nacional, un mérito sin discusión, pero la última gran campaña para un bateador de poder fue quizá esa de 1993 para Padilla. Junto a los 36 jonrones, Ramón remolcó 99 carreras, anotó 91 y resumió .335 en su average con el equipo Bóer.
¿Cuándo volveremos a ver algo igual? Ni siquiera hablamos de las campañas de Ernesto volando sobre 40 jonrones y 100 empujadas. El “Tiburón” bateó 41 tablazos y remolcó 111 carreras en 1977. Al año siguiente López mejoró a 42 y 117 respectivamente, cifras que aún permanecen como el patrón para las generaciones venideras.
En esta temporada de 88 juegos será interesante ver hasta dónde llega Garth, un bateador que está claro de lo útil que es para su equipo como empujador de carreras. No hay que perder de vista a Lenín Aragón y Juan Carlos Urbina, quienes esperan hacer ruido con Nueva Segovia y tampoco se descarta a Justo Rivas, aunque le toca batear en el espacioso Rufo Marín.
Por ahora las cifras de Padilla, y más aún las de Ernesto, siguen convertidas en una ilusión para nuestros bateadores, más preocupados por el average que por tumbar las cercas, pero vamos a ver. A lo mejor Garh se decide a sembrar el pánico en la liga.
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