EL CAIRO/AFP/EFE
El arquitecto Saif al Islam, el segundo hijo de Gadafi con su segunda esposa, Safiya Farkash, nació el 25 de junio de 1972, y fue designado por su progenitor como el heredero de su régimen personalista y excéntrico.
En su alocución del 21 de febrero, Saif al Islam, convertido en la voz del régimen, dijo en la televisión estatal que los militares libios “no son los de Túnez ni los de Egipto”. Y advirtió de que “si el caos llega, lloraremos a centenares de miles de nuestros hermanos”.
Los países occidentales tenían al mujeriego y juerguista (según los cables filtrados por WikiLeaks) como un posible reformador, lo que le reforzaba su tesis de doctorado sobre “El papel de la sociedad civil en la democratización de las instituciones de gobernanza global”.
Saif al Islam, cuyo nombre significa Espada del Islam, tiene seis hermanos y un hermanastro, y es en quien se apoya Gadafi para permanecer en el poder.
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Durante décadas, Muamar Gadafi jugó con las rivalidades tribales y políticas para asentar su poder, pero el sistema que instauró se hace agua mientras gana terreno la rebelión.
En 1977, ocho años después de tomar el poder, Gadafi declara a Libia “jamahiriya” (república popular) y propone así una alternativa al capitalismo y al socialismo que teóricamente da el poder directamente al pueblo.
Pero en realidad, Muamar Gadafi ejercía un control absoluto. Cualquier disensión era amordazada por los potentes comités populares y por los miembros de la tribu de los Gadadfa, de la cual es oriundo, originaria del sur del país, y a la que ha reforzado con armas y dinero.
Gadafi también jugaba a enfrentar a las tribus entre sí y de esta manera se aseguraba de que ninguna coalición modificara el equilibrio de fuerzas.
Las afiliaciones tribales han desempeñado un papel importante en este país rico en petróleo, sin embargo, su importancia política está menos clara. “Los jefes de tribus tienen menos influencia que sus miembros debido a la urbanización y el desarrollo”, estima Mohamad Fadel, un investigador libio independiente.
Parece ser que los combates oponen al régimen con la población. Así lo demuestra el hecho que el principal desafío al que se enfrenta el régimen lo articula un amplio movimiento que reclama reformas y libertad, que supera las estructuras de poder tradicionales, según los analistas.
“Gadafi ha logrado crear un equilibrio entre las tribus y los clanes, pero este sistema se estaba resquebrajando (…) Algunas tribus le están dejando caer”, afirma Delphine Perrin, especialista de África del Norte en el Instituto Universitario Europeo de Florencia (Italia).
“Su punto fuerte es el sur (Sebha) de donde viene su tribu y de donde trae a los mercenarios chadianos”, según un especialista de Libia que pidió el anonimato.
El jefe de los servicios secretos Abdalá Sanusi y el ex brazo derecho de Gadafi, Abdelsalam Jalud, pertenecen a las dos otras grandes tribus del sur, los Mgerha y los Hsauna. “Para hacer caer a Gadafi hay que empezar por esta región”, apunta este analista.
En los últimos días, algunos jefes de tribus, incluidos los de Werfalla, la más grande de Libia, apoyaron a la oposición. Éstas, mantenidas alejadas del centro del poder, pueden garantizar la seguridad de los opositores, indica Molly Tarhouni, una investigadora londinense.
“Su capacidad de movilización en sus regiones es lo que pone nervioso al régimen de Gadafi. Va a tratar de aislarlos geográficamente unos de otros”, señala.
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