Un sismo en medio de 1,200 por año no debería asustar a nadie en Nicaragua. Sin embargo, cuando éste se da a 30 kilómetros de profundidad, y tiene una magnitud de 5.2 Richter, sacude las emociones.
El temblor de la noche del martes acaparó la atención de algunos medios de comunicación, especialmente los radiales, porque fue sentido por la población del Pacífico de Nicaragua.
No se reportaron daños materiales, pero a más de uno le llamó la atención que ocurrió casi exactamente un mes después de otro con similar magnitud y por la misma causa: el choque de las placas tectónicas Coco y Caribe.
Angélica Muñoz, directora de Geofísica del Instituto Nicaragüense de Estudios Territoriales (Ineter), aseguró que se trató de un evento normal, y que es también normal que a éste le siga uno de menor magnitud o de mayor.
Las placas tectónicas son la tierra que conocemos, que está dividida en gigantescos pedazos que flotan sobre el magma y chocan entre sí.
Nicaragua está asentada sobre la placa Caribe, que choca con la placa Coco, que en su mayoría está sumergida en el Océano Pacífico. Ambas placas chocan bajo el mar, frente a las costas nicaragüenses.
Muñoz recordó que este tipo de temblores siempre se van a sentir, porque las placas tectónicas tienen que acomodarse y liberar energía.
El hecho de que el año pasado el Ineter registrara más de 1,200 sismos a nivel nacional, muestra que, lejos de alarmarse, la población debe estar preparada ante un posible desastre, especialmente porque hay meses, como abril pasado, que reportan 150 temblores.
La especialista recomendó tener un plan familiar de emergencia, para actuar ante cualquier sismo.
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