BOLIVIA/AFP
El alza de los alimentos le está pasando factura al presidente boliviano Evo Morales, que enfrenta el descontento de los trabajadores, convocados a una huelga general para hoy, mientras que analistas consideran que el Gobierno naufraga en sus políticas populistas.
La principal manifestación de ese malestar es el llamado de la unitaria Central Obrera Boliviana (COB) a la huelga y a marchas callejeras en los 9 departamentos del país, sumándose de esa manera a protestas en varias ciudades por el alza de precios de los productos.
El miércoles el secretario ejecutivo de la COB, Pedro Montes, calculó que la canasta familiar es de 8,309 bolivianos (equivalentes a unos 1,183 dólares) mensuales y que sobre esa base debe negociarse el salario mínimo en Bolivia, que actualmente es de 96 dólares al mes.
Morales manifestó: “Me causa risa cuando (algunos dirigentes) piden incremento de 40 por ciento, 60 ó 70 por ciento”, a lo que Montes le replicó señalándole que “el pueblo no come porcentajes y no es descabellado el pedido para el estómago de los bolivianos”.
En medio de crecientes pedidos de aumento salarial, el presidente invitó a la COB a “formar una comisión para estudiar el tema de salarios, transparente: aquí está la plata del Estado, y no es la plata del Evo, responsablemente”.
A fines de diciembre pasado el Gobierno anunció un alza de 83 por ciento en los combustibles, medida que debió retirar pocos días después tras una multitudinaria marcha de protesta convocada por la COB. Pero esa medida desencadenó un proceso inflacionario y de escasez que no se detiene.
Según el politólogo y ex asambleísta Jorge Lazarte, la población comenzó a desconfiar del gobierno de Morales, que fue reelecto para un segundo período de cinco años en 2010 con un abrumador 64 por ciento. Hoy en día “es difícil confiar en un gobierno que toma una decisión que no es ni revolucionaria, ni es popular, ni es antineoliberal”.
El independiente Julio Alvarado señaló que “el mayor problema que tiene el Gobierno es que no ha podido cumplir con las expectativas del pueblo boliviano, porque ahora la población le está reclamando alimentos”.
Mientras la población forma largas filas para obtener azúcar a precios elevados hasta en 40 por ciento, la oposición y analistas cuestionan que Morales continúe dando prioridad a la entrega de campos deportivos o prometiendo proyectos como la instalación de un satélite propio.
Una de las críticas que se hacen al Gobierno son las medidas populistas, chorreando dinero a través de bonos, ayudas o subvenciones.
El clima de descontento se ha sentido a lo largo de los últimos días en varias ciudades. Ayer fue el segundo día de un paro de 72 horas del transporte de la central ciudad de Cochabamba, en demanda del aumento de 30 por ciento en los pasajes. Protestas similares se vivieron en Santa Cruz, Oruro y Potosí.

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