EL CAIRO/ AFP
El presidente egipcio Hosni Mubarak dimitió y entregó el poder al ejército ayer, al término de 18 días de rebelión popular, provocando una inmediata explosión de júbilo en la calles de El Cairo y reacciones de satisfacción de la comunidad internacional.
“¡El pueblo ha hecho caer al régimen!”, gritó una multitud en la emblemática plaza Tahrir (de la Liberación), convertida en símbolo del movimiento de protesta iniciado el 25 de enero contra Mubarak, de 82 años, que llevaba tres décadas en el poder.
“Habida cuenta de las difíciles condiciones que atraviesa el país, el presidente Mohamed Hosni Mubarak decidió abandonar el puesto de Presidente de la República y encargó al consejo supremo de las Fuerzas Armadas administrar los asuntos del país”, anunció el vicepresidente Omar Suleiman en una intervención televisada de unos 30 segundos.
Gritos de júbilo, estruendos de bocinas y disparos al aire celebraron la noticia en El Cairo, donde cientos de miles de manifestantes habían participado en una multitudinaria protesta, bautizada Viernes de la Cólera, que reunió a más de un millón de personas en todo el país.
Pese a la alegría general, algunos egipcios expresaban su preocupación por encontrarse ahora bajo un régimen militar. “Quiero estar seguro de que el ejército transfiera el poder a un gobierno civil de transición. Si oigo eso, este será el fin de la protesta y podremos irnos a casa”, declaró Adel Anwar, propietario de un comercio, que como miles de egipcios acampaba desde hacía dos semanas en la plaza.
El máximo representante del nuevo régimen, el ministro de Defensa Mohamed Husein Tantaui, recibió una calurosa acogida cuando pasó en automóvil frente al Palacio Presidencial donde miles de egipcios se habían congregado, primero para protestar, luego para celebrar. Tantaui, que dirige el consejo supremo de las Fuerzas Armadas, el comité de oficiales que asumió el control tras la dimisión de Mubarak, es el nuevo número uno del país.
“Felicitaciones Egipto, el criminal se fue del palacio”, afirmó en Twitter Wael Ghonim, uno de los jóvenes blogueros que iniciaron esta revolución, convertido en héroe tras una larga detención por los temibles servicios de seguridad del Estado.
Mubarak había partido con toda su familia a Sharm el Sheij, ciudad balnearia a orillas del mar Rojo, antes de que se anunciase su dimisión.
A la renuncia de Mubarak reaccionaron rápidamente dos de las figuras egipcias que pueden emerger como candidatos a la elección presidencial. El secretario general de la Liga Árabe y ex canciller Amr Musa saludó “al pueblo egipcio y al ejército por su logro histórico” y llamó a construir un sistema político “basado en el consenso”.
“Mi mensaje al pueblo egipcio es: ‘ganaron su libertad’ (…). Usénla lo mejor posible”, afirmó por su parte el premio Nobel de la Paz Mohamed ElBaradei.
ElBaradei obtuvo el Premio Nobel de La Paz en octubre de 2005 en “reconocimiento a sus esfuerzos por impedir la proliferación de las armas nucleares”.
Una explosión de júbilo recorrió también las calles de la capital de Túnez, donde una rebelión popular derrocó el mes pasado al presidente Ben Alí e inspiró el levantamiento egipcio.
El Gobierno suizo anunció haber congelado “con efecto inmediato” todos los fondos de Mubarak y sus allegados en bancos de ese país para “evitar todo riesgo de malversación de bienes pertenecientes al Estado egipcio”.
La revolución de Egipto, para sacar del poder a Mubarak, inició el 25 de enero, estuvo precedida por cinco inmolaciones y tuvo sus momentos álgidos, como el 28 de ese mes, cuando se registraron al menos 62 muertos en enfrentamientos con la policía.
El primero de febrero, cuando más de un millón de egipcios volvieron a reunirse en la Plaza Tahrir (plaza de la Liberación), en el centro de El Cairo, Mubarak anunció que se mantendría en el poder, pero que no sería candidato en las elecciones presidenciales previstas en septiembre, aunque no logró contentar a la población, que continuó exigiendo su renuncia.
El seis de enero iniciaron las rondas de diálogo con la oposición para realizar reformas constitucionales a las que había accedido Mubarak, y un día antes de la salida del mandatario, éste había delegado poderes en Suleiman.
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