Roberto Porta Córdoba

Una oportunidad para la juventud

H ace 80 años, el 22 de enero de 1931, falleció en Düsseldorf, Alemania, el exitoso comerciante Robert Samuel. Su deceso no tendría mayores implicaciones para Nicaragua si no fuera porque él y su esposa Hedwig acordaron en su testamento que parte de su fortuna fuese destinada para fines humanitarios. Meses más tarde, se creó la Fundación Samuel y 60 años después sus beneficios alcanzaron Nicaragua.

Inicialmente, Fundación Samuel contribuyó en nuestro país con ayuda general, como medicamentos, instrumentos médicos y equipamiento de albergues infantiles. Sin embargo, notando las necesidades de nuestra juventud, la Fundación decidió en 1992 concentrar sus esfuerzos en la formación técnica calificada, particularmente en mecánica automotriz, construcción, secretariado, turismo y hotelería.

La Fundación adquirió un terreno de tres hectáreas en la colonia Unidad de Propósitos, Carretera Norte, en el que gradualmente se construyeron ocho aulas de clases, dos laboratorios de computación y tres talleres de aprendizaje. Al mismo tiempo, la Fundación contribuyó con otros proyectos como el abastecimiento de agua a las comunidades de San Ignacio, El Guanacaste y La Fuente; la ampliación de una escuela primaria en Bello Amanecer y subvenciones parciales al Centro de Salud del Tepeyac.

En la actualidad, Fundación Samuel concede becas completas y gradúa anualmente a 125 jóvenes de escasos recursos en las carreras de Mecánica Automotriz y Electrónica, Aire Acondicionado Comercial y Asistente Administrativo. Los tres programas están acreditados por el Inatec, entidad con la que se trabaja de cerca y que confiere el título de técnico medio a los egresados. Las rigurosas carreras tienen una duración de 16 meses de teoría y 3 meses de práctica, en empresas relacionadas a la carrera cursada.

Una de las características que distingue a los técnicos egresados de Fundación Samuel, en los cuatro países donde opera, es su ética de trabajo y espíritu emprendedor. Sus docentes son altamente calificados y cuentan con certificación y amplia experiencia en prestigiosos talleres y centros industriales de Nicaragua. Además se les enseña el idioma inglés aplicando estándares de la Unión Europea y se les entrena en los principales paquetes de computación con profesores igualmente calificados.

Para asistir a los jóvenes en la consolidación de su autoestima y prepararlos para las exigencias de la formación, que comprende cinco períodos diarios de 90 minutos cada uno, Fundación Samuel les provee una consejera. Esta persona, graduada en psicología, guía a los jóvenes en su inserción, disciplina, orden y enfoque académico, además de apoyarlos en sus visitas técnicas y las actividades prácticas, culturales y de servicio comunitario. Los becados, a pesar de provenir de hogares humildes, son requeridos a completar un número de horas de labor social en barrios marginados de Managua. Esto promueve su espíritu de solidaridad y les recuerda que aunque ellos han recibido una oportunidad en la vida, aún existen personas con abundantes necesidades.

Otras habilidades que los becados desarrollan son las del trabajo en equipo y el sentido de responsabilidad. Sus profesores organizan cuadrillas que se turnan mensualmente para mantener las instalaciones ordenadas, los patios limpios y el inmobiliario en buen estado, además de manejar armoniosamente la logística de los almuerzos. Cuando un equipo eléctrico, computadora, lámpara o aire acondicionado requiere mantenimiento, la cuadrilla de turno asignada a esa área se encarga de resolver el problema.

La beca Samuel incluye subsidio de transporte, almuerzo, uniforme, accesorios y materiales didácticos. Pero la misión de la Fundación no concluye con la simple formación técnica de los jóvenes. Aunque alrededor del 60 por ciento de los estudiantes logran ser retenidos y formalmente contratados en los lugares donde realizaron sus prácticas, el otro 40 por ciento continúa recibiendo apoyo institucional hasta colocarlos en una plaza de trabajo digna en su área de formación correspondiente.

Si bien la Fundación continúa recibiendo una importante ayuda económica de la oficina de Alemania, varias empresas privadas asisten anualmente a la institución con donaciones de herramientas, equipos y motores nuevos o usados para práctica de los estudiantes, aparte de aportes en efectivo para necesidades concretas. A pesar de la situación económica global, Fundación Samuel confía en que gracias al enfoque de responsabilidad social que muchas empresas nicaragüenses han adoptado, sus programas continuarán contando con el apoyo entusiasta de todos en el cumplimiento de su misión formativa técnica para beneficio de la juventud nicaragüense.

El autor es Director Ejecutivo, Fundación Samuel Nicaragua

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