Escuché un chiste de un niño que llega a una tienda de juguetes, selecciona un avioncito y le entrega al cajero un fajo de billetes. Éste al revisar el pago, observa que son de mentira y le dice al comprador: “Estos billetes son de mentira”, y el niño le responde “¿es que acaso el avión que llevo es de verdad ?”
Así como los billetes del niño se están convirtiendo muchas de nuestras leyes leyes de mentira falsas y engañosas. Una estafa y un menosprecio a la inteligencia del nicaragüense.
Más dañina resulta ser cuando la ley, reiteradamente vulnerada, transgredida, quebrantada e infringida es nuestra Constitución Política que al finalizar el cuarto periodo de gobierno del actual mandatario había sido violada en casi setenta ocasiones, según informe de la primera secretaría de la Asamblea Nacional.
Estas violaciones han sido desde el irrespeto a nuestro Escudo Nacional, hasta los diferentes nombramientos de ministros, viceministros, embajadores, y otros funcionarios que debían ser ratificados por el parlamento, violaciones que se repiten constantemente con la complicidad de los diputados.
Ha sido la Conferencia Episcopal que en diferentes ocasiones ha realizado llamados públicos al Ejecutivo a que cesen las violaciones de la Constitución que llegaron a su punto más relevante con los decretos que extienden el periodo de 25 funcionarios y lo que es más grave promover una candidatura presidencial doblemente prohibida por la Carta Magna, y peor aún, ratificada por Magistrados de facto de la Corte Suprema que más bien deberían dar el ejemplo de respeto, acato y obediencia a las leyes.
El mandatario ignoró el artículo 150 de la Constitución que establece como la primera de sus atribuciones constitucionales, la de: “Cumplir la Constitución Política y las leyes, y hacer que los funcionarios bajo su dependencia también las cumplan”.
Se suman más de 20 violaciones a otros artículos de la Carta Magna, así como del Código Penal, y de otras leyes ordinarias que como cuenta el chiste, han resultado de mentira como la Ley de Participación Ciudadana, Ley de Acceso a la Información, Ley de Igualdad de Derechos y Oportunidades, Ley de Identificación Ciudadana, Ley de Probidad, Ley de Contrataciones del Estado, así como diferentes leyes ambientales, que en buen nicaragüense resultan ser puro “papel mojado”, así como también tratados y convenios internacionales.
En los últimos días, no sólo el Ejecutivo cae en esta proliferación de delitos sino que también lo hacen los titulares del CSE al impedir la cobertura del proceso electoral en un flagrante atentado a la libertad de expresión y de prensa contempladas en los artículos 30, 66, y 67 de la Constitución que garantizan el derecho a buscar y difundir informaciones o ideas por cualquier medio.
El más reciente ejemplo de estas violaciones que en cualquier otro país ameritaría un proceso de desacato, es la proclamación oficial de una candidatura espuria de un dirigente que establece un récord en la historia política por aspirar por sexta vez a la silla presidencial, pero esta vez “con los pies hinchados” y rodeado de una cadena de debilidades, engaños y artimañas.
Está por verse cuál será la reacción de los nicaragüenses y la comunidad internacional y si estamos y están dispuestos a subirse en el avión de mentira que el niño de la historia quiso inocentemente comprar.
El autor es abogado y escritor.
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