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Mariano Rivera conversó con ESPNDeportes.com luego de una jornada evangelística que realizara en La Romana, República Dominicana, donde recordó su difícil infancia y la “casualidad” de ser firmado a las Grandes Ligas, en medio de una pobreza desgarradora.
- La pasada campaña, Mariano Rivera tuvo 3-3 con 1.80 y 33 rescates. Tiene 559 rescates, sólo detrás de Trevor Hoffman, que suma 601, en la historia, y posee la marca de más rescates en postemporada con 42.
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“Todo lo que ha ocurrido en mi vida no es casual, que viniendo de aquella humilde familia que tenía que lanzarse al mar para comer cada día, luego tuviera la oportunidad de darle alegría a mi pueblo, pero mejor aún, que pueda predicarle al mundo un Evangelio de felicidad y salvación”, expresó con orgullo el originario de Puerto Caimito, La Chorrera, en Panamá.
El derecho de 6 pies y 2 pulgadas, apodado “Apaga y Vámonos”, por su efectividad a la hora de cerrar el noveno inning, resaltó su felicidad por llegar a un acuerdo con los Yanquis de Nueva York que le garantiza 15 millones en cada una de las próximas dos campañas.
“Cuando estamos en manos de Dios, todo es bendiciones… yo quise jugar pelota desde los 6 años en mi pueblo, pero era tan pobre que no podía, no había tiempo para otra cosa que tratar de arrebatarle la comida al mar junto a mi padres, pescadores.
”Así llegué hasta los 18, comparado con los chamacos de ahora ya yo estaba viejo para jugar. Pero era la precariedad existente en la familia, tenía que trabajar duro en el mar.
”Cuando podía jugar era con pelotas de ‘trapo’, los bates eran de palos de escoba y de pico, o con pelotas hechas con las redes viejas de los pescadores y con guantes de cartón.
”A los 19 fue cuando fui firmado para el beisbol profesional, cuando menos lo esperaba y cuando vi mis primeros clavos, yo jugaba con unos zapatos rotos, con los dedos afuera… pero Dios tenía un plan conmigo”, replica el astro panameño.
Su paso por el box empezó un día que su equipo no tenía más lanzador, se interesó por ayudar, encontrando el juego debajo por cinco carreras en un partido que determinaría el campeonato, y en tres entradas no permitió carrera, su equipo remontó y ganó el juego y el campeonato.
Su actuación animó a un scout panameño a invitarle a hacer un “tryout”, y a la semana siguiente los Yanquis enviaron un representante a firmarlo. En su primer año como novato en 52 entradas cedió una carrera.
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