Amargo sabor me dejó la lectura de la entrevista de Fabián Medina a Eduardo Montealegre, que LA PRENSA publicó en su revista Domingo el 16 de enero del presente año.
Decir: “Que no se le ha dado el suficiente mérito por la decisión de renunciar a su candidatura para apoyar a la de Fabio Gadea”, simplemente lo que me refleja es un ego del tamaño de una catedral, un hombre inflado.
Para mi generación, el servidor público no espera recompensas, el servicio edifica. ¿Por qué el pueblo nicaragüense debe estar en actitud de reconocimiento para el señor Montealegre? Que yo sepa, él siempre ha sido un funcionario muy bien pagado. Ganó muy bien cuando era ministro de Relaciones Exteriores del gobierno liberal del doctor Alemán, continuó ganando súper bien cuando era ministro en el gobierno de Bolaños. Fue el candidato en toda la historia del país que mayor financiamiento ha recibido cuando encabezó su campaña electoral. ¿Qué se le debe al señor Montealegre?
El consejo que da, de que “el aporte de algunos es quedarse en su casa”, debe de empezar aplicándoselo a su propia persona.
Irreparable fue el acto de Montealegre al correr a reconocer la victoria de Ortega, aun cuando todavía no se había terminado de contar los votos, lo que hizo que el danielismo se alzase con el triunfo cuando se veía la posibilidad de ir a una segunda vuelta. Ese acto le costó al pueblo de Nicaragua el gobierno de Ortega que hoy muchos lamentamos.
Con el trascurso del tiempo se verá que el mayor error que el gobierno de Bolaños cometió fue el haber tratado de destruir al partido que lo llevó al poder desde la propia presidencia que ese mismo partido le había otorgado. Fue algo más que un crimen, fue un error, y el principal instrumento o la persona que encabezó esa fiebre antiPLC tiene un nombre y apellido: Eduardo Montealegre.
La intransigencia y la tozudez que Montealegre ha demostrado últimamente al tratar algunos sectores de alcanzar la unidad de la familia liberal no tienen límites. Sin temor a equivocarme, cabe decir que su actitud cerrada y tendenciosa provoca a la democracia nicaragüense un daño más que irreparable.
Las cosas en Nicaragua han llegado al nivel de lo ridículo. Que dos consuegros, que a través del tiempo siempre han guardado buenas relaciones, mutuo respeto y cordialidad, no se puedan poner de acuerdo es algo que solo en este paisito ocurre, y el motivo tiene un nombre: Eduardo Montealegre.
Los números no dan y eso como muy buen banquero lo sabe el señor Montealegre. Para derrotar a Ortega se va a necesitar de muchas cosas, la primera de ellas es la unidad de la familia liberal, éste no es el momento de exclusiones ni vetos. Aquí la única operación que cabe es la suma, nunca la resta.
El enemigo común no es el PLC, ni mucho menos el doctor Alemán, a este último como figura pública la historia lo juzgará, y por el momento la justicia nicaragüense y la extranjera ya lo ha juzgado. El enemigo no es Arnoldo, el enemigo es el orteguismo y sus aspiraciones dictatoriales, si seguimos divididos, impidiendo la unión y lanzándonos zancadillas unos a otros, quien gana es Daniel y quien pierde es Nicaragua.
Me he encontrado con gente buena y honesta pero que tienen posiciones incomprensibles, gente que me han dicho en la sinceridad de la amistad que prefieren mil veces darle el voto a Ortega, que al doctor Alemán. Hasta ese punto ha llegado la ceguera de algunos de mis amigos. Señores, solo hagámonos una reflexión: ¿Cuál sería el destino de esta pobre patria si en la entrevista en la Embajada española, que tuvo lugar el 9 de mayo del 2006, en vez de salir desunidos para esperar la derrota, hubiera salido una fórmula ganadora como la hubiera sido la fórmula: Rizo como presidente y Montealegre como vice?
¿Cuál sería el destino de este país si eso hubiese ocurrido? Estaríamos terminando de consolidar nuestras instituciones democráticas, nuestro prestigio ante la comunidad internacional como nación. Estaríamos terminando, estoy seguro, un gran gobierno, encabezado por un civilista tal vez a ser relevado por otro civilista, que probablemente hubiera sido el señor Montealegre.
Por eso la entrevista de Fabián Medina me dejó un sabor amargo, es la entrevista de un soberbio, que como el diablo es incapaz de reconocer sus errores.
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